Realidades que superan la ficción en los centros juveniles
Luis Vega
Director ejecutivo del Programa Nacional de Centros Juveniles
Preocupa que ahora cometen infracciones como sicariato, extorsión, y tenencia y fabricación de armas; convirtiéndose en un fenómeno que la prevención del Estado tiene como pendiente de urgencia.
El Programa Nacional de Centros Juveniles (Pronacej) recibe a los adolescentes que incurren en infracciones, y con el reto de reinsertarlos, bajo limitaciones de presupuesto y personal, desarrolla acciones para fortalecer esta misión por la que fue concebida.
Pero no solo se trata de operatividad, el marco legal es clave si realmente queremos devolver ciudadanos de bien a la sociedad. El Código de Responsabilidad Penal del Adolescente dicta que los que infringen la ley hasta antes de su mayoría de edad deben ir a un centro reclusorio de menores hasta el máximo de su medida socioeducativa.
¿Qué genera esto? Que niños de 14 años convivan con adultos de casi 30; y es aquí donde se produce la temida contaminación criminógena.
Ante dificultades como que el 51% de los internos sea mayor de edad, y que la sobrepoblación en los centros juveniles supere el 50%, es que el Pronacej tomó medidas urgentes y viables.
Una de las que está logrando resultados es el impulso a la variación de medida de internación a una no privativa de la libertad de los infractores que han evolucionado favorablemente y cumplen los requisitos que dicta la norma. Ya hemos presentado 118 expedientes al Poder Judicial y estamos trabajando otros más. De aprobarse, impactaría directo en el deshacinamiento de los centros de Lima y el norte.
Además, reorganizaremos los centros juveniles para que alberguen a los jóvenes de riesgo alto en los que reúnen las condiciones mínimas de seguridad, como el de Lima. Esto permitirá agruparlos con base en su infracción y evolución, priorizando el interés superior de los adolescentes.
Con estas y otras acciones buscamos cumplir con nuestra razón de ser, que es resocializar a este grupo humano que está rehabilitándose para tener una segunda oportunidad.
Por ello, instamos a más instituciones a trabajar unidas para fortalecer la prevención primaria y secundaria de manera transversal y permanente. La buena voluntad está bien, siempre que llegue a resultados concretos y medibles. Así cambiaremos el rumbo de la justicia penal juvenil para ser referentes de que, así como estos jóvenes, nuestro país también puede reescribir su historia.