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  • de junio de 2026

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Suplemento legal Jurídica: Mercado laboral se transforma, IA flexibilidad y nuevo contrato de talento

El nuevo contrato social del talento y la transformación de la empleabilidad que vivimos


Editor
Mariano Zegarra

Senior Managing Partner de KPMG Perú. con experiencia profesional en consultoría de negocios y de TI


El mercado laboral peruano está experimentando una transformación silenciosa pero irreversible. Durante décadas, las dinámicas entre las organizaciones y sus colaboradores estuvieron regidas por un acuerdo básicamente económico y fuertemente arraigado en la estabilidad. Las estructuras corporativas tradicionales diseñaban planes de carrera lineales y los profesionales organizaban su vida en torno a la permanencia y la seguridad que una sola marca podía otorgarles. El éxito se medía en años de servicio y el compromiso se demostraba “marcando tarjeta” puntualmente. 

Hoy, ese ecosistema ha quedado obsoleto. La convergencia de la digitalización acelerada, la pandemia que reconfiguró nuestras prioridades de vida y el ingreso de nuevas generaciones al tejido productivo han quebrado el viejo molde. Asistimos al nacimiento de un nuevo contrato social del talento, donde las reglas de la empleabilidad y la fidelización se han redefinido por completo. Para quienes ejercemos roles de alta dirección y liderazgo empresarial, descifrar este nuevo escenario se ha convertido en un imperativo estratégico de supervivencia del negocio y en el núcleo de la sostenibilidad corporativa.

De la estabilidad lineal a la evolución constante
Para entender el presente, es indispensable analizar la ruptura con el pasado. Las generaciones anteriores construyeron su identidad profesional sobre la base de la predictibilidad. Para un profesional de las últimas décadas del siglo XX, ingresar a una corporación sólida significaba escalar una estructura piramidal peldaño por peldaño. El intercambio era claro: el empleador ofrecía un respaldo económico a largo plazo y una jubilación ordenada a cambio de la energía, el tiempo y la permanencia en la empresa del empleado.

Las nuevas generaciones de colaboradores, compuestas por nativos digitales y profesionales que cuestionan los dogmas del corporativismo tradicional, operan bajo un mindset distinto. Para ellos, la tan deseada estabilidad laboral de décadas anteriores puede ser percibida incluso como un riesgo para su propia vigencia profesional.

La noción tradicional de “hacer línea de carrera” en una única empresa ha perdido su atractivo. El talento joven actual prefiere la rotación para acumular experiencias, adquirir nuevas competencias y diversificar su perfil. La lealtad a la empresa ha sido reemplazada por un fuerte compromiso con el propio aprendizaje y la empleabilidad personal. Si una organización no es capaz de ofrecer un entorno dinámico que estimule sus capacidades intelectuales y creativas, estos profesionales no dudarán en buscar nuevos horizontes.

Autonomía y flexibilidad 
Uno de los fenómenos más tangibles de este nuevo paradigma laboral es la demanda de flexibilidad y autonomía. Durante décadas, el liderazgo empresarial se cimentó sobre la base del control visual: el jefe necesitaba ver a los miembros de su equipo sentados en sus puestos para asumir que estaban produciendo. Este enfoque medía el esfuerzo por encima del impacto y las horas en la oficina por encima de los resultados.

La adopción forzada de la virtualidad durante la pandemia demostró que los objetivos de negocio podían cumplirse –e incluso superarse– sin necesidad de una supervisión física constante. Para las nuevas olas de profesionales, el trabajo remoto, los esquemas híbridos y la flexibilidad de horarios no son percibidos como un beneficio extraordinario que la empresa concede con benevolencia; son considerados el estándar mínimo de operatividad de una empresa moderna y eficiente.

El ecosistema laboral actual exige migrar hacia una cultura de gestión por resultados y confianza mutua. Marcar tarjeta ya es un anacronismo. Lo que una organización competitiva debe evaluar es la generación de valor, el cumplimiento de hitos estratégicos y la capacidad de resolución de problemas complejos. Otorgar autonomía al colaborador para que gestione su tiempo y su entorno de trabajo, lo empodera, eleva sus niveles de responsabilidad individual y dispara el compromiso con los objetivos comunes de la empresa. Y eso no debe ser tomado como un debilitamiento de la autoridad del líder. 

Por el contrario, los líderes modernos deben tener la habilidad de saber escuchar para identificar los puntos de dolor en su organización y olvidarse de las estructuras verticales. Adoptar una estrategia de escucha activa –encuestas entre trabajadores, reuniones uno a uno, buzones de sugerencia– permite a la empresa comprender mejor la data de sus propios empleados. Igualmente importante será que estos datos sean vistos y atendidos por las personas adecuadas en los departamentos correctos (directores de Recursos Humanos, compensación y beneficios, servicio al cliente, etcétera) en el momento oportuno. Un estudio de KPMG sobre empleabilidad, encontró que el 74% de colaboradores se siente más comprometido y rinde mejor en el trabajo cuando siente que su voz es escuchada en la empresa.




El rol del aprendizaje continuo
La empleabilidad actual exige vigencia. En un mercado transformado por la inteligencia artificial y la digitalización, el talento busca organizaciones que funcionen como plataformas de aprendizaje continuo. Las empresas deben garantizar programas de capacitación y upskilling que aseguren que el profesional se mantenga competitivo en el mercado. 

Aquí se presenta una de las paradojas más interesantes del liderazgo moderno: la mejor estrategia para fidelizar al talento consiste en capacitarlos tan bien, que tengan la posibilidad de irse a cualquier otra organización si lo desean; y al mismo tiempo tratarlos y liderarlos tan bien, que decidan, por voluntad propia, quedarse con nosotros. Cuando una empresa invierte genuinamente en el desarrollo de la vigencia de su gente, destruye el miedo a la rotación y construye un ecosistema de alta competencia que eleva el rendimiento. Y esto no es una suposición teórica: siempre según estudios de KPMG, el 62% de trabajadores afirma que la inversión de la empresa en la mejora de sus capacidades influye en su decisión de incorporarse, abandonar o permanecer en una organización.

La búsqueda del propósito
Llegamos al que considero el factor más determinante de la empleabilidad contemporánea: la necesidad de que las organizaciones tengan un propósito trascendente con el cual se identifiquen sus colaboradores. Las nuevas generaciones exigen que la organización de la cual forman parte represente algo superior a la maximización de utilidades para sus accionistas.

Tener un propósito corporativo ya no es un ejercicio de relaciones públicas ni una frase decorativa en la misión de la empresa. El propósito es la brújula ética del negocio. El talento moderno necesita entender el “para qué” de su esfuerzo diario. Desea tener la certeza de que su trabajo contribuye a resolver un problema real en la sociedad, a impulsar la sostenibilidad ambiental, a promover la equidad o a generar un impacto positivo en su comunidad.

Cuando un profesional siente que sus valores personales están alineados con los valores de la empresa donde labora, se produce un fenómeno extraordinario: el orgullo de pertenencia. Ese orgullo es el motor más potente del compromiso. El empleado que se siente orgulloso de su organización lleva “la camiseta bien puesta”: se convierte en el principal embajador de la marca, defiende su reputación y entrega un nivel de innovación y esfuerzo que ningún incentivo puramente económico podría comprar. 

Salario emocional
Seamos claros: el salario financiero sigue siendo un factor crítico. Vivimos en un contexto económico caracterizado por la incertidumbre. Por ende, una compensación económica justa, competitiva y alineada con las demandas del mercado es el punto de partida para cualquier estrategia de atracción de talento. Ninguna cultura organizacional, por más flexible u horizontal que sea, puede compensar una estructura salarial deficiente.

Sin embargo, la gran transformación de nuestra era radica en que el dinero ha dejado de ser el factor decisivo: su ausencia genera insatisfacción y acaso fuga de talento, pero su sola presencia ya no garantiza la retención ni el máximo compromiso. La verdadera ventaja competitiva de las empresas se juega hoy en el terreno del denominado “salario emocional”.

El salario emocional es un pilar cultural que reconoce al colaborador en su dimensión humana integral. Comprende el respeto por el balance entre la vida laboral y el ámbito personal, la salud mental, el bienestar psicológico y el reconocimiento de los logros. Va mucho más allá de beneficios superficiales o actividades de esparcimiento en la oficina. El talento de alto rendimiento hoy evalúa las ofertas laborales analizando el impacto que ese trabajo tendrá en su calidad de vida general. Si la propuesta económica es excelente pero el costo en salud, tiempo familiar o paz mental es desmedido, la respuesta del profesional moderno será un rotundo “no”.

El desafío cultural del liderazgo del futuro
El verdadero desafío que plantea el nuevo paradigma de la empleabilidad en el Perú es de carácter fundamentalmente cultural y de liderazgo. Las organizaciones que pretendan seguir gestionando el talento del siglo XXI con las herramientas de control y jerarquía rígida del siglo XX están condenadas a presenciar cómo su capital más valioso –su propia gente– fuga hacia competidores más ágiles y empáticos.

El liderazgo del futuro nos exige a los directivos soltar las cadenas del control absoluto y trabajar en confianza compartida. Implica transformar nuestras empresas en comunidades con un propósito claro, donde el aprendizaje sea una constante, la flexibilidad sea la norma y el respeto por el ser humano sea el valor supremo.

Finalmente, el crecimiento sostenible de nuestros negocios y la competitividad del país no dependerán tanto de la tecnología que implementemos, sino de nuestra capacidad para inspirar, potenciar y caminar al lado del talento humano diverso que hoy rediseña el futuro.