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  • de junio de 2026

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Muere Edgar Morin a los 104 años, el pensador que hizo de la complejidad una forma de entender el mundo

Con él desaparece una de las figuras intelectuales más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, un autor que desafió las fronteras entre disciplinas y convirtió la complejidad en el eje central de su pensamiento.

En su obituario, Le Monde definió a Morin como un “intelectual provocador” y recordó su permanente resistencia a los dogmatismos ideológicos y académicos. 

El periódico destacó además que dedicó su vida a combatir las explicaciones simplificadoras de la realidad y a promover una visión más amplia de los fenómenos humanos.

Un siglo atravesado por la historia

Nacido en París el 8 de julio de 1921 bajo el nombre de Edgar Nahoum, Morin fue miembro de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi y adoptó el apellido “Morin” como seudónimo clandestino, nombre con el que terminaría siendo conocido en todo el mundo. 

Tras la guerra militó en el Partido Comunista Francés, aunque posteriormente rompió con el estalinismo y fue expulsado de la organización debido a sus críticas.

Su trayectoria intelectual estuvo marcada por una constante voluntad de cuestionar certezas. 

Historiador, sociólogo, filósofo, antropólogo y teórico de la comunicación, trabajó durante décadas en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), desde donde desarrolló una obra que abarcó desde la política y la cultura de masas hasta la biología, la ecología y la educación.

El pensamiento complejo

La contribución más conocida de Morin fue la formulación del llamado “pensamiento complejo”, una propuesta filosófica y epistemológica que buscó superar la fragmentación del conocimiento moderno.

Para Morin, los grandes problemas contemporáneos no podían ser comprendidos desde una sola disciplina. 

La economía, la política, la cultura, la tecnología o la ecología forman sistemas interdependientes cuyos elementos se influyen mutuamente. 

Intentar explicar la realidad mediante una única causa significaba, a su juicio, empobrecerla.

Su reflexión quedó plasmada sobre todo en La Méthode, monumental serie de seis volúmenes publicada entre 1977 y 2004. 

Allí desarrolló una teoría del conocimiento basada en la interacción entre orden y desorden, certeza e incertidumbre, individuo y sociedad. 

Su objetivo era construir una nueva forma de pensar capaz de asumir las contradicciones sin reducirlas artificialmente.

La incertidumbre como parte del conocimiento

Uno de los aspectos más influyentes de su pensamiento fue la reivindicación de la incertidumbre. Morin sostenía que el error y la duda no son anomalías del conocimiento, sino elementos constitutivos de toda búsqueda intelectual.

También desarrolló conceptos como la “ecología de la acción”, según la cual toda acción humana genera consecuencias imprevisibles que pueden modificar o incluso contradecir las intenciones iniciales de quien la emprende. 

Estas ideas terminaron influyendo en áreas tan diversas como la educación, la gestión pública, los estudios ambientales y la teoría política.

Más allá de la filosofía

Aunque suele ser recordado como filósofo, Morin desarrolló una obra que atravesó numerosos campos del conocimiento. Estudió fenómenos culturales, movimientos juveniles, medios de comunicación, urbanismo y transformaciones sociales.

Fue además uno de los primeros intelectuales europeos en analizar de manera sistemática la cultura de masas. 

En obras como Les Stars examinó el funcionamiento del estrellato cinematográfico y la construcción de mitologías modernas a través de Hollywood y los medios de comunicación. 

Su aproximación resultó pionera para los estudios contemporáneos sobre celebridad, consumo cultural y comunicación de masas.

Su relación con el cine

El cine ocupó un lugar central dentro de sus intereses intelectuales. Durante la década de 1950 comenzó a investigar la cultura cinematográfica desde una perspectiva sociológica y antropológica, convirtiéndose en uno de los primeros estudiosos franceses en considerar el cine como un fenómeno cultural total.

Su incursión más célebre fue Chronique d’un été (1961), codirigida junto al antropólogo y cineasta Jean Rouch. 

Considerada una de las obras fundacionales del cinéma vérité, la película exploró la vida cotidiana de ciudadanos franceses mediante entrevistas y observación directa, planteando preguntas sobre la autenticidad, la felicidad y la relación entre la cámara y la realidad. 

Su influencia alcanzó al documental moderno y a buena parte del cine observacional posterior.

Hasta sus últimos años, Morin continuó interviniendo en debates sobre ecología, globalización, educación y democracia. 

Su figura fue vista por muchos como la de un intelectual humanista capaz de conectar ciencias, artes y política en una misma reflexión sobre el destino común de la humanidad. 

Al informar su fallecimiento, el presidente francés Emmanuel Macron lo describió como la encarnación misma del humanismo.

Libros esenciales de Edgar Morin

El cine o el hombre imaginario (Le Cinéma ou l’Homme imaginaire) (1956)
Una de sus primeras obras importantes. Analiza el cine como una extensión de los sueños, deseos y proyecciones humanas. Resulta fundamental para comprender cómo entendía la relación entre cultura, imaginación y sociedad.

Las estrellas (Les Stars) (1957)

Estudio pionero sobre el fenómeno de las celebridades cinematográficas. Su lectura permite entender cómo se construyen los mitos modernos y anticipa debates actuales sobre influencers, fama y medios.

El paradigma perdido: la naturaleza humana (Le Paradigme perdu : la nature humaine) (1973)
Intento de reconciliar biología, cultura y sociedad en una misma explicación de la condición humana. Sigue siendo una referencia para quienes buscan enfoques interdisciplinarios sobre la naturaleza humana.

El método (La Méthode) (1977-2004)
La obra central de toda su producción intelectual. En seis volúmenes desarrolla la teoría del pensamiento complejo y propone una nueva forma de comprender el conocimiento y la realidad contemporánea.

Introducción al pensamiento complejo (Introduction à la pensée complexe) (1990)
La puerta de entrada más accesible a su filosofía. Resume los conceptos esenciales de la complejidad y explica por qué los problemas del mundo moderno no pueden abordarse mediante enfoques reduccionistas.

Tierra patria (Terre-Patrie) (1993), junto a Anne Brigitte Kern
Reflexión sobre la globalización, la crisis ecológica y la necesidad de una conciencia planetaria. Muchas de sus advertencias resultan especialmente vigentes frente a los desafíos ambientales actuales.

Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (Les Sept Savoirs nécessaires à l’éducation du futur) (1999)
Escrito para la UNESCO. Plantea qué debería enseñar la educación del siglo XXI: pensamiento crítico, comprensión de la incertidumbre y conciencia de la interdependencia humana.

Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación (Enseigner à vivre. Manifeste pour changer l’éducation) (2014)
Síntesis de décadas de reflexión pedagógica. Defiende una educación capaz de formar ciudadanos con visión integral del mundo y no únicamente especialistas técnicos.

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