Editorial
La riqueza de un país no depende solo de sus recursos naturales. Incluso las naciones con abundantes hidrocarburos, minerales o ventajas geográficas necesitan, sobre todo, el recurso clave para generar valor: el trabajador.
En la era de la robotización y la inteligencia artificial, la tecnología ya impacta en las economías con reemplazos laborales cada vez más comunes. Sin embargo, no elimina el valor del trabajador, sino que redefine su rol y exige mayor capacitación en habilidades digitales.
En el caso peruano, el trabajador enfrenta diversos retos que debe asumir. Si bien es cierto que las cifras macroeconómicas han sido muy superiores al promedio de los países de América Latina y el Caribe, la creación de empleos de calidad ha sido lenta por diversos motivos.
El mercado informal de nuestra economía es de 70.2%. Es decir, 7 de cada 10 trabajadores peruanos viven a espaldas de los beneficios sociales como protección en salud, pensiones de jubilación, vacaciones, compensación por tiempo de servicios (CTS).
Esta cifra está por encima del 47% del promedio latinoamericano. Pese a los esfuerzos realizados por el Estado, los planes de aportes voluntarios a un seguro social entre los cerca de 12.3 millones de trabajadores informales no han tenido éxito.
Un dato preocupante es el aumento del subempleo profesional en nuestro país. Se calcula que solo en Lima hay 328,000 egresados universitarios que se encuentran en esta condición. Por lo general, trabajan largas jornadas por salarios que no llegan a cubrir la canasta básica.
Una de las razones es que hay un desfase entre las especializaciones que ofrecen las universidades y las demandas laborales. La saturación de las carreras profesionales tradicionales y la orientación mercantilista de algunos centros de educación superior empeoran el escenario.
Un problema que se ha agravado en la última década es el aumento de la violencia delincuencial que desincentiva las inversiones.
Se prevé que la inseguridad le cuesta al Perú, en la actualidad, al menos 5,000 millones de dólares o un porcentaje del 2.2% del PBI. La amenaza del crimen que pide cupos u otro tipo de extorsiones afectan, en forma especial, a las pequeñas unidades económicas.
Pese a todos estos enormes desafíos, los peruanos hemos ganado fama por nuestra laboriosidad y una enorme resiliencia ante los escollos que encuentran en el camino.