• JUEVES 23
  • de abril de 2026

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Iluminando vidas: Gobierno cierra brechas de acceso a energía eléctrica en centros poblados

La llegada de electricidad a más de 20 caseríos de Insculas, en Olmos, Lambayeque, dinamizará la economía, fortalecerá las actividades productivas y la calidad de vida de la población, destacó el presidente Balcázar.

Julia Eulalia Serrato Serquén es madre de once hijos y abuela de más de cuarenta nietos. Durante años sacó adelante a su familia desde una pequeña picantería, donde preparaba ceviche, arroz con pato, cabrito y pepián de pavo. 

Cocinaba a leña, tanto para los suyos como para sus clientes. En su casa, el candil era la única fuente de luz; en el negocio, una antigua lámpara Petromax sostenía las jornadas y acompañaba cada plato servido.


Pero esa luz precaria siempre fue dañina. El humo del candil castigaba sus pulmones y el kerosene representaba un gasto constante. Cuando no alcanzaba, el palo santo era la única fuente de luz, pero llenaba la casa de humo y frustración. Así transcurrieron los años, con la electricidad convertida en una eterna promesa incumplida. Aun así, doña Julia nunca dejó de esperar.

Hoy, esa oscura espera ha terminado. Con la llegada de la energía eléctrica a su comunidad gracias al gobierno del presidente José María Balcázar, doña Julia puede desplazarse con mayor seguridad dentro de su casa, sentarse bajo la luz estable y leer la Biblia sin depender de una llama inestable.

En la actualidad, doña Julia vive con su hija Adelina y juntas comienzan a proyectar un nuevo inicio. Piensan en reabrir la picantería, esta vez con refrigeradora, licuadora y hasta un televisor para los comensales. Otro televisor más, dicen, para cuando lleguen los nietos. 

Después de casi nueve décadas, la luz no solo ilumina su casa: también abre una nueva etapa en su vida. El progreso empieza a apagar la desesperanza.

Unas casas más adelante, al costado de la carretera que conduce a Piura, vive doña María Monge Serrato, de 60 años. María es acopiadora de limón, una actividad que sostiene la economía de la
zona y de la que depende su sustento diario.


Durante años, su trabajo estuvo condicionado por la luz del día. Desde muy temprano organizaba la compra y el acopio, pero al caer la tarde, la oscuridad la obligaba a detenerse. Cada jornada tenía un límite impuesto por la falta de electricidad, reduciendo también su capacidad de generar ingresos.

Hoy, esa realidad ha cambiado. Con la llegada de la energía eléctrica a su caserío, doña María puede extender su jornada hasta la noche, aprovechar mejor el tiempo y aumentar lo que lleva a casa. Su trabajo, antes restringido, empieza ahora a abrir nuevas posibilidades.

Doña María enviudó hace años y desde entonces comparte su vida con sus hermanas y sus cinco sobrinos. En su casa, la rutina también estaba marcada por la oscuridad. Las noches llegaban temprano y con ellas el fin de cualquier actividad.

Hoy, la escena es otra. Cuando cae el sol, su casa no se apaga ni tampoco el caserío, que ahora es iluminado por potentes focos LED.


Los niños corren, juegan y llenan de vida los espacios que antes quedaban en penumbra. Durante años, la noche los obligaba a encerrarse temprano. Ahora pueden quedarse afuera, jugar
hasta más tarde y extender su día. Para María, ver a sus sobrinos disfrutar sin miedo a la oscuridad es también una forma de felicidad.

Y con la luz también llegó el progreso. El refrigerador ya es parte de su casa. En una zona donde el calor es intenso, conservar alimentos y tener agua helada dejó de ser un lujo para convertirse en una mejora concreta en su calidad de vida. 

Ahora, su mirada está puesta en lo que viene. Con más horas de trabajo en el acopio de limones y mayores ingresos, espera comprar un televisor para sus sobrinos. Hoy, la casa de María no solo es iluminada por la luz, sino también por la alegría de los suyos.


Luz y progreso

Esa transformación que hoy se vive en cada hogar de Insculas también es visible en la mirada de quienes han acompañado de cerca el desarrollo de la comunidad. En el centro poblado, César Serrato Serrato no solo es el alcalde delegado. Es también parte de una generación que creció en la oscuridad.

Nació en este mismo territorio y, desde niño, tuvo una aspiración simple pero lejana: ver su casa iluminada. Hoy, ese escenario empieza a cambiar. Para el alcalde delegado, la llegada de la electricidad marca un punto de quiebre para el desarrollo del centro poblado.

“Hay restaurantes y cebicherías que ahora van a poder conservar sus productos. Asimismo, los acopiadores de limón pueden trabajar hasta la noche y con eso llevar más dinero a sus familias”, afirma.

Para César, lo que hoy ocurre en varios caseríos de Insculas es más que una obra de electrificación rural; es el inicio del cambio. “Desde aquí, saludar a nuestro presidente José María Balcázar por impulsar esta obra y con ello traer progreso a Insculas”

Cerrando brechas

La llegada de la electricidad a más de 20 caseríos de Insculas no es un hecho aislado. Forma parte de una política de Gobierno que busca atender una deuda histórica con las zonas rurales del país.


En ese contexto, el presidente Balcázar llegó el último sábado 18 al centro poblado para participar en la puesta en marcha del proyecto de electrificación rural y constatar de primera mano el impacto de la obra en la población.

Durante su visita, el Jefe del Estado fue enfático en señalar que esta intervención responde a una prioridad clara de su gestión: cerrar las brechas estructurales que aún persisten en el país. “Nuestra prioridad es terminar la brecha en electrificación en los pueblos más olvidados”, afirmó,

El impacto va más allá del acceso a un servicio. La electrificación permite dinamizar la economía local, fortalecer actividades productivas y mejorar condiciones en sectores clave como la educación y la salud.

En territorios donde antes la noche detenía toda actividad, hoy la energía abre la posibilidad de extender jornadas de trabajo, mejorar ingresos y elevar la calidad de vida.


En esa línea, el Mandatario remarcó que el objetivo del Gobierno no es solo ejecutar obras, sino también garantizar que estas lleguen a quienes más lo necesitan. “No venimos a ofrecer, venimos a cumplir”, sostuvo.

Así, en caseríos como los de Insculas, el acceso a la electricidad deja de ser un privilegio para convertirse en un derecho. Su llegada representa un paso concreto en el cierre de brechas que, durante años, profundizaron la distancia entre el Perú urbano y el Perú rural.

El proyecto Insculas

El proyecto de electrificación rural en el centro poblado Insculas forma parte de una intervención ejecutada por el Ministerio de Energía y Minas (Minem) que ha permitido llevar energía eléctrica segura y continua a 21 localidades del distrito de Olmos, beneficiando directamente a 3,240 ciudadanos y 810 usuarios en la provincia de Lambayeque.

La obra demandó una inversión total de seis millones 841,473 soles, destinada a la instalación integral de infraestructura eléctrica que incluye 25 kilómetros de líneas primarias, 0.68 kilómetros de redes primarias y 51 kilómetros de redes secundarias, además de 810 conexiones domiciliarias que hoy permiten a las familias acceder por primera vez a un servicio eléctrico formal.

El sistema incorpora además 252 luminarias LED de 50 watts para alumbrado público, así como transformadores monofásicos de 10 kVA y 25 kVA, operando bajo tensiones de 10 kV y 22.9 kV en media tensión, y sistemas de distribución en 440-220 V y 380-220 V, lo que garantiza estabilidad y continuidad del servicio en zonas rurales.

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