• DOMINGO 12
  • de abril de 2026

Editorial

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Más que rieles y estaciones

Las Líneas 3 y 4 representan, en suma, mucho más que rieles y estaciones. Son la oportunidad de redefinir la manera en que Lima se mueve y se organiza. Postergarlas ya no es una opción.

La apuesta del Estado por priorizar estos proyectos dentro del Plan de Movilidad Urbana al 2045 responde a una urgencia evidente: Lima necesita un sistema de transporte masivo, integrado y eficiente que esté a la altura de su escala demográfica y económica. La proyección de una demanda cercana al millón de pasajeros diarios no solo da cuenta de la magnitud del problema, sino también del potencial impacto positivo que estas líneas podrían generar en términos de reducción de tiempos de traslado, descongestión vial y mejora ambiental.

Pero tan relevante como la obra en sí es el modelo mediante el cual se busca hacerla realidad. La decisión de incorporar las Líneas 3 y 4 a la cartera de proyectos priorizados bajo la modalidad de Asociaciones Público-Privadas (APP) marca un giro estratégico que merece ser destacado. No se trata únicamente de aliviar la carga fiscal del Estado, sino de estructurar un esquema de financiamiento más sofisticado, que combine inversión pública, capital privado y mecanismos innovadores de generación de ingresos.

En esa línea, el énfasis en los denominados ingresos no tarifarios y en la captura de plusvalías urbanas abre una ventana de oportunidad que el país ha desaprovechado históricamente. La posibilidad de desarrollar espacios comerciales en estaciones, aprovechar terrenos adyacentes y promover proyectos inmobiliarios en zonas de influencia del metro no solo permite diversificar las fuentes de financiamiento, sino también dinamizar el entorno urbano. La estimación de generar hasta 40,000 metros cuadrados de áreas comerciales y alcanzar ingresos anuales del orden de los 600 millones de dólares evidencia que el metro puede ser, además de un servicio público, un eje de desarrollo económico.

Sin embargo, el éxito de este enfoque dependerá de una ejecución rigurosa y de una institucionalidad capaz de sostenerlo. La gestión de interferencias, la adquisición de predios y la adecuada articulación entre entidades como la ATU y ProInversión serán determinantes. Asimismo, la promesa de que el costo no recaiga íntegramente en el Estado debe entenderse con realismo: más que eliminar el gasto público, se trata de optimizarlo y complementarlo inteligentemente.

Las Líneas 3 y 4 representan, en suma, mucho más que rieles y estaciones. Son la oportunidad de redefinir la manera en que Lima se mueve y se organiza. Postergarlas ya no es una opción. Ejecutarlas bien, en cambio, puede marcar el inicio de una ciudad más ordenada, productiva y, sobre todo, más habitable.