Opinión
Gerente de People & Culture de Arcos Dorados Perú
Cuando la diversidad de perspectivas es limitada, también lo son las soluciones. Las empresas que no integran miradas distintas en sus equipos de liderazgo corren el riesgo de perder oportunidades de innovación, de comprender de manera parcial a sus clientes y de tomar decisiones que no reflejen la complejidad del entorno actual. En ese contexto, garantizar esta pluralidad en los espacios de decisión no es solo una cuestión de equidad, sino también una oportunidad para fortalecer la forma en que las organizaciones piensan y actúan.
La integración de liderazgos diversos aporta enfoques complementarios para enfrentar los desafíos del negocio. Diversos estudios han demostrado que los equipos diversos tienden a analizar los problemas desde más ángulos, fomentar conversaciones más abiertas y generar soluciones más creativas. Además, contribuyen a construir entornos de trabajo donde la colaboración, la empatía y la escucha activa se vuelven elementos centrales en la dinámica de los equipos.
Sin embargo, el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo aún enfrenta retos. El estudio Global Female Leaders Outlook 2025 de KPMG muestra que el 79.4% de las ejecutivas sudamericanas encuestadas afirma haber ganado menos que sus pares hombres en algún momento de su carrera para poder avanzar profesionalmente, lo que refleja que todavía existen barreras que muchas mujeres deben atravesar en su desarrollo laboral.
Al mismo tiempo, la investigación revela que casi el 40% de las líderes en la región cuenta con más de 20 años de experiencia en puestos de gestión, lo que demuestra que el talento, la preparación y la trayectoria están presentes. El desafío, entonces, no es la falta de capacidad, sino asegurar que existan estructuras equitativas donde el talento, en toda su diversidad, pueda desarrollarse plenamente.
Desde el área de Recursos Humanos, tenemos un rol importante en la construcción de esos espacios. Esto implica promover procesos de selección y desarrollo basados en el mérito, impulsar programas de liderazgo que acompañen el crecimiento profesional y, sobre todo, trabajar en culturas organizacionales donde todas las voces puedan ser escuchadas.
Cuando se democratiza la participación y se fomenta la equidad en la toma de decisiones, también se generan cambios positivos en la dinámica de los equipos. Se amplían las miradas, se enriquecen las conversaciones y se construyen entornos donde el talento puede desarrollarse con mayor libertad.