Central
En el Perú, la ministra del Ambiente, Nelly Paredes, junto al ministro de Defensa, Carlos Díaz Dañino, y el alcalde de San Borja, Marco Álvarez, lideraron el evento central en el Parque de la Felicidad del distrito, donde cientos de vecinos se sumaron a esta jornada ambiental apagando las luces y participando activamente.
Durante la actividad, se impulsaron ferias ambientales, talleres educativos, ecotrueques y campañas de reciclaje de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), promoviendo acciones concretas frente al cambio climático.
La titular del sector destacó que La Hora del Planeta va más allá de un acto simbólico: es un compromiso diario con el ambiente, reflejado en la participación de familias y jóvenes.
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Nació en Sídney
Según la organización ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), impulsora hace dos décadas de esta iniciativa, “millones de personas en más de 190 países y territorios de todas las latitudes” se unieron al acto, celebrado anualmente el último sábado de marzo, entre las 20:30 y las 21:30 horas.
En su web, el grupo ecologista menciona que el movimiento nació en Sídney (Australia) en el 2007 como “gesto simbólico para llamar la atención sobre el problema del cambio climático. Un sencillo gesto que consiste en apagar las luces de edificios y monumentos durante una hora”.
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“Este día nos recuerda que la naturaleza es nuestro sistema de soporte vital que nos brinda todo lo que necesitamos, desde el aire que respiramos hasta el agua que bebemos y los alimentos que comemos, y que debemos defenderla ahora para salvaguardar la salud de nuestro planeta y, a su vez, nuestra propia salud y bienestar”, apunta WWF.
La organización sostiene que lo que empezó siendo entonces algo simbólico se ha convertido en “el mayor movimiento global por la naturaleza y el clima, una chispa de esperanza que ha inspirado a ciudades, empresas y hogares en todos los continentes”.
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Monumentos o edificios emblemáticos y reconocibles de todo el globo apagarán su luz durante ese tramo. En Londres lo hicieron, entre otros, la Noria (The London Eye) o la sede del Gobierno en Downing Street. En París, la Torre Eiffel, en Sídney, la Casa de la Ópera y en España quedaron a oscuras el Puente de Triana, en Sevilla, o la Sagrada Familia, de Barcelona.
En esta vigésima edición, WWF alude a los “innegables” impactos del cambio climático, especialmente en países como España aunque subraya que “la acción colectiva impulsa acuerdos, acelera la energía limpia, protege ecosistemas y recupera especies”.
Ese año, además, el movimiento por la defensa de la naturaleza llega en un marco de escalada del precio del combustible fósil provocado por la guerra en Irán.