• DOMINGO 22
  • de marzo de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

El editor de revistas científicas


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Es más, su existencia continúa siendo, en gran medida, un gesto de confianza académica y el deseo de construir un espacio para divulgar las ideas ya validadas. Ciertamente, muchas de las revistas proceden de ámbitos universitarios, cuyo origen tenía un evidente enfoque académico y un total convencimiento de hacer circular abiertamente las investigaciones científicas. Su punto de partida era transmitir los avances en el conocimiento humano y hacerlos accesibles para todos. Esta práctica de saber compartido tenía la ventaja de impactar más rápido en el ecosistema científico y transformar la realidad con abordajes novedosos e inéditos. Era una cadena constante para hacer públicos los avances y ampliar las posibilidades del saber, relacionándolo también con la vida cotidiana.

Por ello, ser editor general de una revista de tal dimensión conllevaba una responsabilidad y dedicación no siempre reconocidas. A menudo era un empeño personal, y lo sigue siendo en algunos casos. Esto era impulsado por la firme convicción de convertir la revista en una plataforma para diseminar los debates y las tendencias interpretativas. Aunque no existía una profesionalización necesaria del quehacer del editor de revistas, este rol se ha ido institucionalizando y generando niveles progresivamente más rigurosos, tanto para la gestión de los recursos como para su adecuada inserción social. Ya que no se trata de una lectura endogámica del conocimiento, sino de impulsar permanentemente su influencia en quienes toman decisiones y en las políticas públicas. Una buena y acreditada investigación publicada en una revista científica puede tener un impacto extraordinario en la gobernanza y en la convivencia. Ese es su valor incalculable.

Sin embargo, en los últimos años ha emergido una oscura estructura montada para favorecer a un sistema industrial de producción de artículos. Ante esta situación, comenzaron a aparecer revistas que servían como espacios para negocios opacos y descarados. Debido a que las instituciones académicas premiaban con dinero a las publicaciones que les servían como referencia institucional (lo cual les permitía sumar puntos en la carrera desaforada por los rankings) se abrió un mercado desprovisto de controles éticos. Tal dinámica llevó a la invención de revistas con un fin estrictamente comercial, sin filtros rigurosos, convertidas en tiendas dudosas y espacios de transacciones turbias.

Esto representa un ataque directo a todos los editores que se han consagrado a construir ciencia desde sus puestos de gestión.

Por lo tanto, es fundamental valorar a aquellos editores de revistas que aún creen firmemente en el significado de gestionar la difusión del conocimiento humano y que, con inquebrantable fortaleza moral, siguen impulsando el ecosistema del saber.