• SÁBADO 21
  • de marzo de 2026

Opinión

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¿Somos tan humanos como creemos?


Editor
Michelle Salcedo

Vicepresidente de Talento Humano y Asuntos Corporativos de AFP Integra

 
 

La insinuación era clara: si la inteligencia artificial (IA) podrá diagnosticar y operar con mayor precisión que un médico, elegir esa profesión dejaría de ser una decisión racional.

La duda sobre si la IA reemplazará a las personas atraviesa hoy casi todos los sectores. Sin embargo, cuando el debate llega a la salud, solemos refugiarnos en un argumento aparentemente irrefutable: la empatía. Se dice que un robot podrá analizar datos y ejecutar cirugías con exactitud milimétrica, pero jamás podrá ofrecer cercanía, comprensión ni esa conexión que hace que un paciente se sienta seguro al poner literalmente su vida en manos de otro. Eso –creemos– es exclusivamente humano.

En los últimos meses he vivido experiencias que me obligan a cuestionarlo.

Un médico en emergencias que se negó a revisar resultados fundamentales para diagnosticar un cáncer porque “así no funcionaba el procedimiento”, pese a que la clínica ya tenía los análisis. Luego, con los resultados en mano, pidió a la hija del paciente que fuera ella quien le comunicara el diagnóstico. Una trabajadora de informes que entregó indicaciones incorrectas por no revisar el sistema. Una sala de quimioterapia que omitió parte del tratamiento y lo corrigió solo por insistencia de un familiar que se dio cuenta del error. Una unidad de cuidados paliativos que obliga a pacientes debilitados a recorrer módulos para trámites que podrían simplificarse si el sistema estuviera diseñado pensando en ellos.

No son casos aislados. Según la OCDE, las quejas ante Susalud crecieron 71% entre el 2018 y el 2022. Y la evidencia es aún más incómoda: estudios longitudinales muestran que la empatía disminuye de forma consistente durante la formación médica, especialmente al inicio de la práctica clínica, y que el burnout se asocia directamente con una menor sensibilidad hacia el paciente.

No niego que existen profesionales extraordinarios. Pero en salud, la empatía no debería ser una excepción admirable, sino el estándar mínimo.

Tal vez estamos demasiado confiados en nuestra supuesta superioridad humana. Y si no hacemos un esfuerzo consciente por sostenerla, no será la IA la que nos quite nuestro lugar: seremos nosotros quienes lo habremos vaciado primero.