Asimismo, dispone la evaluación de los factores de riesgo para la procreación y la adopción de medidas específicas orientadas a la protección de las trabajadoras.
De conformidad con los lineamientos desarrollados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en materia de seguridad y salud en el trabajo, los Estados y empleadores deben priorizar acciones destinadas a fortalecer las políticas públicas con enfoque de género, preciso la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil).
Al respecto, la OIT identifica tres aspectos fundamentales:
- Impacto del rol de género en la salud de la mujer. Señala que la doble carga derivada de los roles y responsabilidades familiares, sumada a la jornada de trabajo remunerado, puede generar fatiga física y mental, con incidencia directa en la salud de las trabajadoras.
- Distribución desigual de riesgos por segregación ocupacional. Se advierte una concentración de mano de obra femenina en determinados sectores económicos considerados “feminizados”, como el textil, el de salud y el de servicios. En estos sectores predominan riesgos ergonómicos, exposición a movimientos repetitivos y desgaste crónico asociado al trabajo monótono.
- Protección de la salud reproductiva. Se subraya la necesidad de una regulación específica que garantice la protección de la salud reproductiva de las trabajadoras, especialmente durante los períodos de gestación y lactancia, a fin de prevenir riesgos que puedan afectar tanto a la madre como al concebido.
Asimismo, la OIT destaca que la participación femenina es significativa en actividades como la agricultura —impulsada por el crecimiento de la agroexportación—, la industria (particularmente en los sectores textil y de alimentos) y el sector servicios, que concentra mano de obra femenina en ocupaciones como el trabajo del hogar, enfermería y docencia en educación inicial.
Cabe precisar que cada uno de estos sectores presenta riesgos diferenciados en materia de seguridad y salud en el trabajo, tales como jornadas prolongadas, ritmo acelerado de producción, exposición a polvo y sustancias tóxicas, posturas forzadas y alta carga emocional, los cuales deben ser gestionados bajo un enfoque preventivo y con perspectiva de género.