Opinión

Subgerente de Sistemas de Gestión Empresarial en ISA Energía
Hoy, el reto no es solo técnico, sino también estratégico. ¿Cómo hacemos que la digitalización fortalezca la confiabilidad del sistema? ¿Cómo garantizamos que la inteligencia artificial y los datos sean herramientas concretas al servicio de la transmisión de energía?
Estas preguntas guían nuestra Estrategia 2040, ‘Energía que da vida a la transición’, que reconoce que el futuro de la transmisión eléctrica será necesariamente más segura, flexible y resiliente, y que la infraestructura debe evolucionar al mismo ritmo que la matriz energética.
La tecnología ya está transformando la forma en que diseñamos y construimos infraestructura. La incorporación de BIM en nuevas subestaciones, que desde el 2025 se diseñan íntegramente bajo esta metodología, permite mejorar la ingeniería, reducir la incertidumbre y optimizar recursos. La integración de modelos 4D, que combinan diseño y cronograma, facilita el seguimiento en tiempo real y la detección temprana de desviaciones.
Más que una mejora incremental, se trata de cambiar la manera en que gestionamos proyectos críticos para el sistema eléctrico, incorporando mayor trazabilidad, colaboración y eficiencia en cada etapa. La analítica avanzada aplicada a la gestión de activos fortalece el mantenimiento preventivo y predictivo, reduce fallas no planificadas y mejora la confiabilidad del suministro. La capacidad de prever y actuar oportunamente se vuelve una ventaja estructural y una responsabilidad con millones de usuarios.
No obstante, ninguna transformación tecnológica tiene sentido si no coloca a las personas en el centro. Con el principio de que ‘Primero es la vida’, utilizamos soluciones de datos e inteligencia artificial para monitorear actos inseguros en obra y prevenir accidentes. La innovación busca proteger y reforzar una cultura de seguridad sólida y transversal.
El Perú enfrenta además una brecha en competitividad digital que interpela al sector energético. Modernizar la infraestructura exige también desarrollar talento, fortalecer habilidades digitales y promover alianzas que aceleren el aprendizaje colectivo y la adopción responsable de nuevas tecnologías.
La tecnología en el sector eléctrico no es un fin en sí mismo; es una herramienta para garantizar un sistema más seguro, sostenible y accesible para el futuro. Cuando se integra con propósito, no solo moderniza redes: contribuye a dar estabilidad al desarrollo, generar confianza y dar sentido a la transición energética.