• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Emociones que deciden el voto


Editor
Ricardo Montero

Periodista


Partamos señalando que toda elección democrática tiene una dimensión racional, visible en programas, diagnósticos y debates, y otra emocional, menos evidente pero a menudo más determinante, reflejada en las percepciones, temores, frustraciones y esperanzas de los electores.

En ese cruce de racionalidades y emociones está transcurriendo una campaña electoral fragmentada, con múltiples candidaturas y agendas dispersas, contexto en el que probablemente tenga mayores opciones de ganar quien “toque las fibras más sensibles” del electorado –como leí en una entrevista en el portal epicentro.tv–.

La expresión sugiere que el comportamiento electoral no se explica solo por argumentos técnicos, sino también por aquello que los ciudadanos perciben como urgente, cercano o moralmente intolerable.

Pero esa afirmación exige identificar con precisión cuáles son esas “fibras” dominantes y por qué adquieren calidad de centrales, ya que no todas las preocupaciones públicas tienen el mismo peso emocional ni la misma capacidad de movilizar el voto.

En una sociedad pueden coexistir múltiples malestares, como inseguridad, precariedad económica, desconfianza institucional, corrupción, pero generalmente una preocupación se vuelve decisiva cuando deja de ser un problema más y pasa a percibirse como el problema que resume todos los demás, momento en que la política se vuelve inevitablemente emocional.

Quien logra conectar su mensaje con las preocupaciones más apremiantes suele obtener ventaja, incluso si sus propuestas son discutibles o incompletas, porque la identificación emocional a menudo precede la evaluación programática.

Por eso, comprender una elección exige algo más que revisar planes de gobierno o correlaciones partidarias. Exige entender qué siente la sociedad sobre sí misma, qué teme perder, qué considera injusto y qué desea cambiar con mayor urgencia.

Desde esa perspectiva, hablar de “fibras sensibles” del electorado puede ser una intuición válida, pero solo adquiere sentido cuando se contrasta con evidencia concreta.

Y en el caso peruano, esa evidencia existe. Una encuesta de Worldpanel by Numerator Perú, realizada entre el 15 de octubre y el 4 de noviembre del 2025, muestra que el 77% de los hogares identifica la inseguridad como su mayor inquietud, el 55% menciona el aumento de precios y la inflación, y el 40% la corrupción.

En la misma línea, un estudio del INEI revela que el 64% de peruanos considera que la delincuencia es el principal problema del país, desplazando a la corrupción al segundo lugar.

Las sensibilidades sociales están claramente definidas. Por tanto, la cuestión decisiva ya no es identificar qué preocupa a los ciudadanos, sino la capacidad de comprender esas preocupaciones, ordenarlas y ofrecer soluciones que la ciudadanía perciba como posibles.

Solo en ese punto –cuando la emoción social encuentra una traducción política convincente– se entiende realmente cómo y por qué se decide una elección.