Mundo
Un funcionario de la Casa Blanca bajo condición de anonimato reveló que la cita entre los presidentes sudamericanos y Trump se llevará a cabo el 7 de marzo.
Todos esos líderes son más o menos cercanos al mandatario republicano, que ha hecho de las relaciones con sus vecinos del Sur un eje inesperado de su política exterior.
Nuevo orden
América Latina y el Caribe es la zona a vigilar imperativamente ante un nuevo orden mundial en el que China es el rival a batir, en opinión de Trump.
China lleva lustros invirtiendo en la región, y Trump quiere revertir esa tendencia con una política que alterna el palo y la zanahoria: intervenciones en Venezuela, ataques en el Caribe, un bloqueo petrolero contra Cuba o amenazas a los grandes países de la región (Brasil, Colombia) que se atrevan a plantar cara.
Fiel a su particular visión personalista de la política, Trump es capaz sin embargo de dar giros inesperados, como sus conversaciones telefónicas con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, o la acogida que dispensó la semana pasada al líder colombiano, Gustavo Petro, tras meses de insultos mutuos.
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Argentina
Del grupo inicial de mandatarios que acudirá a Miami, el argentino Javier Milei es el más cercano ideológicamente, y es el líder que más veces ha visto a Trump, empezando por las propias festividades que organizó el republicano tras su histórica victoria electoral de noviembre del 2024.
Argentina ha recibido ayuda financiera del Tesoro estadounidense, ha firmado un tratado de libre comercio y está dispuesto a acrecentar esa relación con la apertura a la inversión del vecino del Norte en sus yacimientos de tierras raras.
El salvadoreño Nayib Bukele es otro aliado clave porque decidió colaborar desde el primer momento con la dura política antimigratoria de Trump.
El Salvador acoge regularmente aviones con migrantes ilegales e incluso ha aceptado ingresar en sus cárceles de alta seguridad a los que tienen historiales criminales graves.
Una reformulación
La reformulación de la doctrina Monroe, concebida por Washington a principios del siglo XIX para establecer su preponderancia diplomática sobre las Américas, se ha convertido en una de las piezas clave de la nueva estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca.
Esta estrategia pasa, entre otras cosas, por eliminar a las organizaciones narcotraficantes con presencia en América Latina y por contrarrestar la creciente influencia de China en toda la región.
Estados Unidos pretende reafirmar su hegemonía regional mediante una reinterpretación de la Doctrina Monroe impulsada por Trump y apodada ‘doctrina Donroe’, según la cual Washington plantea una intervención más directa en la región.