Derecho
Ricardo Andrade Caldas
Universidad Científica del Sur
La Encuesta Nacional de Lectura del 2022 reveló algo sumamente preocupante, dado que arrojó como resultado que el peruano promedio lee 1.9 libros anuales, una cifra peligrosamente baja en relación con la media de la región, lo cual se traduce en el inicio de una “crisis silenciosa”, afectando no solamente en las aulas universitarias de pregrado, sino también de posgrado.
El problema más resaltante es la mala transición que existe entre la educación básica regular y la educación superior. En principio, los estudiantes inician la universidad con hábitos de lectura fragmentarios, limitados, etc. Ello es producto de una educación básica deficiente, algo que hace muchos años debió de disparar las alarmas en las entidades públicas y privadas.
Este déficit tiene destructivos resultados en el nivel y el crecimiento de los nuevos profesionales; en primer lugar, la ausencia de una buena cultura de la lectura no permite el desarrollo del pensamiento crítico, una herramienta esencial para sobrevivir en un mercado que exige que los profesionales sean críticos, analíticos y también creativos. La situación se ha convertido en un problema, puesto que un profesional que no practica la lectura no podrá efectuar cuestionamientos ni plantear alternativas de solución (lo cual retiraría la creatividad que se tiene como un recurso para resolver problemáticas complejas).
Es importante destacar que la redacción técnica y comprensión lectora, las cuales son competencias transversales en cualquier carrera, se ven también perjudicadas porque seguirán existiendo egresados con mayores dificultades para elaborar informes, proyectos o investigaciones de calidad. La competitividad del joven profesional peruano también se ve perjudicada a escala internacional. Debemos tener claro que la lectura es la única manera de superarse en un mundo globalizado y altamente competitivo.
En conclusión, el problema de la lectura en la universidad peruana en términos generales no es solo un tema de “cultura general”, sino un tema estructural para el desarrollo de Perú.
Mientras la lectura siga siendo vista como una obligación y no como una herramienta de libertad intelectual seguiremos formando profesionales aparentemente aptos y capaces, pero intelectualmente frágiles. Es urgente que las universidades peruanas dejen de permitir la simple transmisión de diapositivas y vuelvan a ser templos del libro y el debate crítico, solo así se tendrán profesionales capaces, que son los que el país necesita para su desarrollo y crecimiento.