En el sector de la construcción, el contrato de obra pública es mucho más que un instrumento legal. En la práctica, constituye una herramienta central para organizar la ejecución del proyecto y gestionar los riesgos propios de obras complejas, expuestas a variables técnicas, económicas y regulatorias. En ese marco, la cláusula de gestión de riesgos (hoy obligatoria) no debería concebirse como un requisito formal, sino como un mecanismo activo para anticipar, mitigar y controlar eventos que puedan afectar el cumplimiento de los objetivos del proyecto.
El marco normativo vigente incorpora un enfoque moderno de gestión de riesgos, al exigir su identificación y tratamiento desde la etapa de planificación y durante toda la ejecución de la obra. Ello supone reconocer que los riesgos son inherentes a cualquier Proyecto de obra pública y que pueden representar tanto amenazas como oportunidades, dependiendo de su impacto en el alcance, el costo y el plazo pactados en el respectivo Contrato. Gestionarlos adecuadamente requiere, por tanto, contar con reglas claras en las condiciones del Contrato, roles definidos y procesos de seguimiento que permitan adoptar decisiones oportunas.
Desde una perspectiva práctica, existen cuatro claves para que la cláusula de gestión de riesgos, respecto de la cual no se tiene todavía un modelo o estándar, cumpla efectivamente su finalidad y contribuya, además, a la prevención de controversias durante la ejecución de la obra.
1. Gestión temprana, dinámica y visible de los riesgos. La cláusula debe establecer la obligación de comunicar oportunamente cualquier evento incierto que pueda afectar el proyecto, desde el inicio de la ejecución. La identificación temprana de riesgos permite anticipar impactos en costo, plazo o calidad y facilita la adopción de medidas antes de que estos se materialicen. Para ello, resulta recomendable que dicha cláusula de gestión de riesgos se encuentre regulada en una sección independiente del contrato y ubicada entre sus primeras cláusulas, de modo que su uso sea visible y operativo.
2. Monitoreo y control orientados a la acción. Una vez identificado un riesgo, la cláusula debe prever cómo se realizará su seguimiento y qué acciones pueden adoptarse para gestionarlo. Ello implica usar la matriz de riesgos elaborada para el proyecto de obra pública, la que deberá asignar responsabilidades, establecer metodologías de control y favorecer la evaluación del desempeño del proyecto con información objetiva. Más allá de las herramientas específicas que se utilicen, lo relevante y determinante para superar el riesgo y los efectos de su ocurrencia es que existan alternativas de acción claras (incluyendo ajustes contractuales cuando corresponda) y que estas se ejecuten con trazabilidad y mecanismos de coordinación definidos entre las partes.
3. Articulación con mecanismos de prevención de controversias. La cláusula de gestión de riesgos debe vincularse expresamente con los mecanismos de prevención de controversias previstos en el contrato, como la Junta de Prevención y Resolución de Disputas. En la práctica, muchos desacuerdos surgen al definir cómo enfrentar un riesgo identificado o qué medidas adoptar frente a sus efectos. El acompañamiento de estos mecanismos, apoyado en la información generada por la matriz de riesgos y el seguimiento del proyecto, permite anticipar y resolver conflictos antes de que escalen a disputas formales.
4. Incorporación de lecciones aprendidas. La gestión de riesgos no debe agotarse durante la ejecución de la obra. Documentar las lecciones aprendidas (tanto de experiencias positivas como negativas) resulta clave para mejorar la gestión en futuros contratos. Incorporar esta práctica al cierre del proyecto permite fortalecer la planificación, actualizar matrices de riesgos y elevar los estándares de eficiencia y control en la contratación pública.
La gestión de riesgos en contratos de obra pública debe ser un proceso activo, transversal y documentado, que involucre a todos los actores desde la planificación hasta la finalización del proyecto. La visibilidad de la cláusula de gestión de riesgos en los respectivos contratos, el seguimiento y trazabilidad de las acciones que se realicen para para minimizar o enfrentar el efecto que tiene el riesgo en los objetivos del proyecto y generar espacios de recuperación o adaptación rápida, junto a mecanismos efectivos de comunicación y prevención de controversias, son esenciales para el éxito del proyecto y la protección de los intereses de todas las partes involucradas.
Es altamente recomendable para ello que el plan de trabajo que elabore el contratista, según la respectiva matriz de riesgo elaborada por la entidad, integre un análisis detallado del alcance, la composición del equipo técnico, así como de supuestos y riesgos asociados, y un programa de ejecución con calendarios claros; para organizar y guiar las actividades, asegurando que los riesgos identificados y/o que se configuren durante la ejecución sean gestionados mediante acciones concretas y calendarizadas que se adopten conjuntamente con la entidad y los demás actores que participan activamente en la ejecución de la obra.