Editorial
Desde esa experiencia acumulada, Perú acaba de llevar al escenario internacional una propuesta que busca reorientar la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, colocando la autonomía económica en el centro de las prioridades. El planteamiento fue presentado por la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Lesly Shica, durante el 64 período de sesiones de la Comisión de Desarrollo Social de las Naciones Unidas, en Nueva York.
Ante este foro mundial, el país reafirmó una convicción nacida de su propia trayectoria: promover la independencia económica de los sectores más vulnerables, en particular de quienes forman parte de los programas sociales, es una condición indispensable para alcanzar un desarrollo sostenible. No se trata de un enfoque teórico, sino de una política respaldada por evidencia concreta.
En las últimas décadas, gracias, entre otras acciones, a políticas públicas continuas como los programas de transferencias monetarias condicionadas, Perú logró reducir la pobreza del 48 % al 24 %. Este avance demuestra el valor de una red de protección social que ha permitido aliviar carencias inmediatas en importante sectores de la población. Al mismo tiempo, ha dejado una lección clara: las transferencias no son un punto de llegada, sino un punto de partida.
El desafío actual es dar un paso más y transformar esa red en una plataforma que impulse el emprendimiento y la generación de ingresos sostenibles. Se trata de evolucionar del alivio temporal a la autonomía permanente, del enfoque asistencial al fortalecimiento de capacidades productivas.
En esa dirección se inscribe, por ejemplo, el programa Mi Emprendimiento Mujer, que acompaña a socias de ollas comunes y comedores populares en su tránsito hacia actividades económicas propias. Con una inversión de 17 millones de soles, más de 2,600 mujeres cuentan hoy con hornos industriales, máquinas de confección y otros equipos que les permiten consolidar microempresas gastronómicas y textiles, fortaleciendo su autonomía económica y liderazgo.
Al proyectar esta visión en el debate global, Perú no solo pone en valor una experiencia construida a lo largo del tiempo, sino que también reafirma su compromiso permanente con una de las causas más universales: mejorar de manera efectiva las condiciones de vida de las personas. Desde esa convicción, el país ratifica su voluntad de contribuir activamente a un desarrollo más inclusivo y sostenible, dentro y fuera de sus fronteras.