• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Bibliotecas públicas


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Aunque se tenga la justificación educativa de que la lectura crítica es esencial para la formación de las personas, el acceso al catálogo no es necesariamente fácil.

En primer lugar, los libros tienen muchas veces precios inalcanzables para una mayoría y ello dificulta inmensamente la disponibilidad de textos tanto clásicos como actualizados.

Es contradictorio solicitarles a los estudiantes que lean y quejarse de que no lo hagan, cuando el acceso es casi imposible inexistencia de una infraestructura sistemática y de alcance nacional.

Hay distritos que carecen absolutamente de una biblioteca, sea municipal o regional.

El modelo que concibe como un gasto la cultura y no como una inversión esencial e imprescindible, hace que los gestores y administradores de los recursos apenas muestren signos de preocupación por la lectura y su promoción intensiva. No está en su mapa personal y, mucho menos, en sus planes de gobierno, una propuesta sólida y articulada para convertir en una oportunidad estratégica la construcción de ecosistemas de lectura de acceso público.

Ante esa pasmosa e inaceptable ausencia de estructuras de fomento de lectura, la promoción se reduce a esfuerzos loables de individuos y pequeñas asociaciones que establecen espacios para leer conjuntamente. Han resistido el abandono de quienes tienen la responsabilidad de implementar estructuras físicas y logísticas que favorezcan la lectura. Una vez más son los ciudadanos los que indican los caminos culturales que se deben tomar.

Las fórmulas de solución también pueden implicar alianzas público-privadas. Hay algunas bibliotecas exitosas de centros culturales y de idiomas extranjeros que desde hace años fomentan la lectura a través de sistemas eficaces y con trazabilidad de préstamos de libros.

Estos centros son referentes extraordinarios que cuentan con incansables mediadores de lectura, digitalización seleccionada y con un inventario siempre actual.

Pero son casos singulares, aplaudibles y buenos ejemplos y aplicables a muchos lugares del país.

A veces, una respuesta común ha sido la compra masiva de textos y su distribución con más entusiasmo que planificación. Claro, siempre hay, incluso en esa selección de una lista hecha por especialistas, una oportunidad para mejorar tanto el espectro de enfoques como la heterogeneidad de las propuestas.

Seleccionar qué se lee contiene una total seriedad y compromiso ético y epistemológico. Leer no es un acto neutral, cada libro contiene una mirada del mundo y las cosas que siempre hay que contrastar. Para ello, todo catálogo tiene que ser múltiple y variado.

Necesitamos muchas bibliotecas públicas, en cada distrito, en cada barrio; su sola presencia puede cambiar totalmente una vida.