• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Opinión

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A 45 años de la Cordillera del Cóndor


Editor
Angie Rajkovic

Periodista


En esa ocasión, el personal de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) demostró que el dominio del aire no se construye únicamente con aeronaves, sino también con hombres formados en la disciplina, el sacrificio y la excelencia. Ellos asumieron la misión en el escenario más exigente del continente, donde pusieron a prueba su capacidad operativa y fortaleza espiritual. Lo hicieron inspirados en el legado inmortal del capitán FAP José Quiñones Gonzales, quien se inmoló en defensa de la patria, cumpliendo su lema ‘El aviador, llegado el momento, debe ir hasta el sacrificio’.

Cada operación fue el resultado de años de preparación. Detrás de cada vuelo hubo entrenamiento, coordinación interinstitucional y una clara comprensión de que el éxito dependía del trabajo en equipo. La Fuerza Aérea del Perú actuó con precisión, serenidad y liderazgo, consciente de que su rol era decisivo para preservar la integridad territorial y garantizar la seguridad de las fuerzas desplegadas en superficie.

La valentía del personal no se expresó únicamente en las acciones visibles del combate, sino también en la perseverancia silenciosa de quienes operaron en condiciones extremas, enfrentando el clima adverso, la escasa visibilidad y el riesgo permanente.

A 45 años de aquellos hechos, resulta justo destacar que la fortaleza aérea del país descansó en la calidad humana de su gente. Hoy, cuando el Perú y el Ecuador mantienen relaciones de paz, cooperación y respeto mutuo, estas reflexiones adquieren un valor aún mayor. La historia demuestra que la preparación y la firmeza en la defensa nacional no están reñidas con la vocación de paz. Por el contrario, son la base sobre la cual se construye el entendimiento entre naciones soberanas y el progreso compartido de sus pueblos.

Recordar la actuación de la Fuerza Aérea del Perú en la Cordillera del Cóndor no es exaltar la confrontación, sino reconocer el ejemplo de una institución que cumplió su deber con responsabilidad histórica. Es agradecer a quienes, desde el aire, protegieron la vida de sus compatriotas y defendieron la dignidad nacional, dejando un legado de profesionalismo que hoy inspira a las nuevas generaciones de aviadores militares.