• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Editorial

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Una lección vigente

El fallo de La Haya demuestra que la unidad nacional y una visión de Estado permiten alcanzar grandes objetivos sin recurrir a la confrontación. Es la prueba de que el Perú sabe defender su soberanía con inteligencia y compromiso.

En esa fecha, el país ha evocado el histórico fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que, en el 2014, puso fin al diferendo marítimo entre Perú y Chile. Como se recuerda, fue un proceso iniciado el 16 de enero del 2008, cuando el Estado peruano presentó ante la Corte una demanda destinada a delimitar la frontera marítima en un área de controversia, proponiendo una línea equidistante que atendiera las particularidades de nuestra costa sur y se sustentara plenamente en el derecho internacional.

Tras un riguroso análisis jurídico y técnico, la Corte emitió su sentencia el 27 de enero del 2014, estableciendo el límite marítimo entre ambos países y reconociendo al Perú espacios sobre los cuales hoy ejerce derechos soberanos exclusivos, conforme a las normas que rigen las relaciones entre los Estados.

Lejos de constituir un episodio de confrontación, el fallo representó una reafirmación del valor de las instituciones multilaterales y de la solución pacífica de controversias como pilares fundamentales del orden mundial.

La posterior reunión de los equipos técnicos de Perú y Chile para establecer la ejecución del fallo y fijar las nuevas coordenadas marítimas fue una demostración adicional de madurez política y respeto por las decisiones de los tribunales internacionales. Cumplir lo resuelto por la Corte no solo honró un compromiso jurídico, sino también fortaleció la confianza entre Estados y sentó un precedente de cooperación responsable.

Este logro fue posible gracias a la unidad del Estado peruano y al respaldo de la sociedad en su conjunto, que comprendió la importancia de defender los intereses nacionales con serenidad, coherencia y visión de largo plazo.

Un papel fundamental le correspondió al Ministerio de Relaciones Exteriores y, de manera particular, al excanciller Allan Wagner, quien, como agente del Perú ante la Corte, lideró con solvencia y rigor una defensa que estuvo a la altura de los más altos intereses del país, junto a un equipo de diplomáticos, juristas y especialistas que actuaron con profesionalismo.

Doce años después, el fallo de La Haya sigue siendo una lección vigente: demuestra que la unidad nacional y una visión de Estado permiten alcanzar grandes objetivos sin recurrir a la confrontación. Es la prueba de que el Perú sabe defender su soberanía con inteligencia y compromiso inquebrantable con un orden internacional basado en reglas y principios sólidos.