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Periodista
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“Puedo decir que el covid me cambió la vida. Todo comenzó cuando con un grupo de amigos viajamos al extranjero para vacunarnos. En aquel momento tenía una muy buena posición profesional en Lima, pero sentía que había llegado a un techo y para avanzar debía seguir otros estudios”, recuerda.
Así, cuando buscaba dónde hacer una maestría, conoció en un aeropuerto a un holandés a quien le comentó sus planes. Jamás imaginaría que estaba en el inicio de una nueva historia.
Darlo todo
“Mantuvimos comunicación amical y me habló de una escuela de negocios en Países Bajos. Apliqué y dije vamos a comenzar de cero”, comenta.
Alzar vuelo fue complejo para Fiorella. “Mis padres son las personas más sabias. Me dijeron si quieres hacerlo y puedes, adelante hija. Es ahora porque cuando estés mayor te vas a arrepentir”.
Con esas palabras, Fiorella partió sin saber a ciencia cierta lo que le esperaba, luego de tener una carrera ejecutiva bien remunerada y reconocida en el Perú.
“Durante mi época de estudiante tuve que limpiar y trabajar en hoteles porque en esa época de transición debía pagar cuarto, comida. No es fácil si uno quiere seguir creciendo”, rememora.
“Los primeros meses te pega la realidad de estar solo, de no tener a quien acudir. Si te enfermas y no tienes una comunidad es difícil superarlo solo”, recalca.
Cristalizar sueños
Así, recuerda nítidamente, aunque ahora con humor, que un día manejando su bicicleta yendo a la escuela empezó a llover. “Era invierno y en ese momento todo era tan adverso. Me decía ¿por qué estoy sufriendo así? ¿por qué me estoy haciendo esto? Ni llorar podía porque se me iban a cristalizar las pestañas”.
Pero no se acobardó y, más bien, decidió enfrentarse a una nueva realidad. “Una vez un mánager recibió mi CV y me llamó para preguntarme si estaba segura de postular como housekeeping”.
“Holanda no es un país barato y siento que aprendí mucho de los hoteles y restaurantes en los que trabajé porque afiné el tema de atención al cliente. Maduré exponencialmente”, afirma.
Para Fiorella, la superación, gracias al estudio, fue algo que siempre tuvo claro. “De niña me marcó que al regresar un día del colegio, no teníamos qué comer. Recuerdo la angustia de mi mamá por no tener nada para darnos. Ahí me prometí que nunca más ellos pasarían por eso”.
Nuevos comienzos
“Cuando empecé a trabajar siempre quise más para darle lo mejor a mis papás, por eso busqué mi maestría fuera y crecer”, confiesa. Aunque el amor también le llegó fuera de nuestras fronteras y contrajo nupcias con aquel joven que la animó a emigrar y con quien conforma ahora una familia.
Tras graduarse, comenzó una nueva ruta profesional. “Obtuve una posición en Phillips y hoy en Playstation. En Sales Operations EMEA & EU Amazon Project Coordinator. Actualmente abarco la gestión de compras de Amazon para PlayStation en Europa (España, Inglaterra, Francia, Alemania, e Italia), eso por el lado de la operación. Y por management veo procesos de estandarización de la operación de PlayStation para Amazon”, nos explica.
Sobre migrar, anima a otros jóvenes profesionales a vivir la experiencia de estudiar y vivir en Países Bajos. “Aunque migrar no es para todos hay muchas oportunidades fuera. Y la frase que dice: lo que no te mata te hace más fuerte es absolutamente cierta, pero todo vale la pena”.
El corazón del Perú
Con el nombre de Comunidad Peruana en Países Bajos, la organización sin fines de lucro busca la creación de una sólida red de peruanos, el fomento de un sentimiento de pertenencia, y contribuir con el Perú mediante la ayuda social.
Con un enfoque en la cultura y la integración, busca fortalecer los lazos entre los peruanos en los Países Bajos y compartir la cultura peruana con un público más amplio.
“Esta iniciativa nació en una celebración durante Fiestas Patrias. Desde el primer evento hemos destinado lo obtenido a la labor social. Somos cinco mujeres voluntarias que buscamos mantener la cultura, arte, danza, gastronomía. Hay muchos peruanos emprendedores en diferentes rubros”, dice.
Recalca que el objetivo es acercarse a más peruanos y brindarles una espalda o un brazo si lo que requieren. “Y que se sepa que Perú es más que solo Machu Picchu”, concluye.