• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Consejo no solicitado


Editor
Verónica Coello Moreira

Comunicadora social y escritora


De esta manera, nos hemos convertido en obnubilados adoradores de la belleza y juventud. Compramos cualquier producto que diga que nos rejuvenecerá o que disfrazará nuestra verdadera edad. Nos volvemos adictos de las cirugías “naturales y poco invasivas”, pero ya usar cirugía es invasivo, pincharnos la cara o labios ya es invasivo, pero nos creemos la mentira y seguimos corriendo como ratones dentro de una rueda de engaño y vanidad pretendiendo aparentar lo que no somos para alimentar nuestras páginas de redes sociales con contenido lleno de imágenes nuestras que simulan una felicidad que muchas veces solo funciona para obtener un like, nos hemos vuelto migajeros de la aprobación social, necesitamos el aplauso virtual y las frases babosas que nos dicen lo bien que se nos ve físicamente, aunque la realidad sea muy diferente.

En consecuencia, vivimos fingiendo y tratando de ocultar la verdad por miedo a no agradar, tanto es así que hasta el drama se ha vuelto una moda. He visto gente llorar en redes sociales en busca de ganar más likes, apelando a la falsa empatía, pero me parece muy absurdo pensar que alguien con una tristeza real o transitando un momento emocionalmente fuerte tenga la idea de prender una cámara para grabarse llorando frente a su teléfono mientras le cuenta a “sus seguidores” lo triste que está, ¿qué gana aparte de likes y falsos comentarios de apoyo? Nada. Además, estoy convencida de que la conmiseración es de los peores sentimientos que alguien quiera despertar en los demás, pero supongo que la gente hace cualquier cosa por llamar la atención de ciertos dispersos navegantes de las redes.

Finalmente, creo que es momento de volver la mirada hacia nosotros, empezar por agradecer lo que sí tenemos y recordar que no es mandatorio compartir todas nuestras vivencias. La vida real es más bonita, las emociones son más fuertes y nada supera el contacto físico de un abrazo o un beso en esos momentos en que sentimos que la vida nos desborda, vivamos menos pendientes del resto y empecemos a vivir de verdad, como decía Eleanor Roosevelt: “El propósito de la existencia es vivir intensamente, saborear cada experiencia al máximo y buscar con entusiasmo, sin miedo, nuevas experiencias enriquecedoras”.