Opinión
Coordinadora de la Carrera de Enfermería Técnica del Instituto Carrión
La crisis sanitaria global marcó un punto de quiebre. Quedó al descubierto que la capacidad de respuesta del sistema de salud dependía, en gran medida, de la logística sanitaria impulsada y sostenida por el equipo de enfermería, responsable de articular procesos críticos como el triaje, inmunizaciones, la monitorización de pacientes y la contención inicial de los pacientes. Transitamos de una percepción subsidiaria a ser reconocidos como profesionales de primera línea, cuya labor evitó el colapso prematuro de los hospitales de alta complejidad.
Amparados en la Ley N° 28561, que regula el trabajo de los técnicos y auxiliares asistenciales de salud, el rol ha evolucionado hacia la corresponsabilidad en promoción, prevención y recuperación, especialmente en el primer nivel de atención. El cuidado básico se ha elevado a un estándar técnico-científico: se gestionan indicadores de calidad, se alimentan sistemas de información del Minsa como el HIS y se aplican protocolos de bioseguridad bajo estándares internacionales.
A este cambio de paradigma se suma la transformación digital. El técnico de enfermería actual no solo manipula equipamiento biomédico, sino que también utiliza plataformas digitales en salud. En zonas rurales, mediante la telesalud, actúa como articulador entre el paciente y el especialista, reduciendo las brechas de acceso geográfico.
El impacto en la calidad del sistema es directo y medible. Desde la prevención de infecciones asociadas a la atención de salud hasta la reducción de estancias hospitalarias, el trabajo multidisciplinario incide en la seguridad del paciente, en la eficiencia de los recursos y la participación en la humanización del cuidado. Asimismo, optimiza procesos, gestiona insumos y mejoramos el flujo de atención, contribuyendo a la sostenibilidad institucional.
No obstante, persisten desafíos estructurales. El país opera con un déficit histórico de personal sanitario que obliga a duplicar funciones, generando sobrecarga laboral y síndrome de agotamiento profesional. Persiste una inequidad salarial que no corresponde con el nivel de riesgo biológico y responsabilidad técnica. Además, la educación continua en nuevas tecnologías, en muchos casos, es autofinanciada.
El Perú necesita una enfermería técnica con competencias digitales, capacidad resolutiva y vocación comunitaria. Invertir en nuestro fortalecimiento no es opcional: es una condición indispensable para un sistema de salud más preventivo, humano y resiliente. Porque sin la fuerza operativa de la enfermería técnica, la salud pública simplemente se detiene.