• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

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Bad Bunny me incomoda (pero cada vez menos)


Editor
Ricardo Montero

Periodista


A propósito del cantante puertorriqueño (Conejo Malo, como podría traducirse literalmente al español su seudónimo), su reciente visita a Lima provocó un fenómeno con rasgos de “locura colectiva”. Fue una ola de “histeria” que envolvió a sus seguidores y, en menor medida, incluso a quienes no se sienten cercano a su arte. Entiendo que a muchos les incomoda su propuesta, no logran conectar con su voz, con su forma de vocalizar, con su estilo e incluso con su nombre artístico. Yo era uno de ellos hasta unos días antes de su primer concierto en el Estadio Nacional. Mi percepción comenzó a cambiar después de una seria conversación –o quizá un intenso debate– con mis tres hijas, todas profesionales, y terminó de transformarse mientras conducía mi carro, escuchando una y otra vez una playlist con sus temas con mayor contenido social.

Ahora comprendo que la “histeria colectiva” causada por Bad Bunny puede explicarse, en gran medida, por su “flow”, que en el “lenguaje urbano” viene a ser algo así (según la IA) como cantar con ritmo, cadencia, fluidez, entonación y rima para crear sonoridad y así cautivar. Pero también tiene relación con su interés por abordar asuntos de fondo, como el colonialismo, la desigualdad socioeconómica, la igualdad de género, el machismo y la identidad cultural, cuestiones que resuenan entre los jóvenes que buscan un cambio social. Un ejemplo claro es la canción ‘Andrea’, a la que Bad Bunny otorga un profundo sentido social al retratar la realidad de muchas mujeres puertorriqueñas y latinoamericanas que enfrentan desigualdad, violencia y juicios sociales por su forma de vivir y pensar. Se puede entender como el retrato de una mujer juzgada y prejuzgada, que busca independencia, libertad y respeto. Este tema es una denuncia del machismo, la violencia de género y los feminicidios, un problema grave en el Perú y en toda América Latina. ‘Andrea’ no es un homenaje a una mujer en específico, ha explicado el cantante, sino a todas las mujeres que resisten y reclaman su derecho a vivir sin miedo.

Cierro este comentario admitiendo que aún me incomodan su voz, la vocalización y las canciones con letras cuestionables. Sin embargo, también entiendo que otras de sus composiciones han abierto un espacio de debate en el que muchos de sus seguidores se sienten empoderados para defender causas que consideran justas y necesarias.