• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

La educación emocional no puede esperar


Editor
Víctor Vásquez

Coordinador de Tutoría y Bienestar de Innova Schools


A propósito de la conmemoración del Día de la Lucha Contra la Depresión, y en un país donde, según el Minsa y el Unicef, el 30% de los niños, niñas y adolescentes están en riesgo de presentar problemas de comportamiento, emocionales o atencionales, incorporar aspectos socioemocionales de manera transversal en la educación es urgente.

Si bien se ha avanzado en planes como el Proyecto Educativo Nacional, donde el bienestar es prioritario, y estrategias como “Salud mental en tu cole”, la educación emocional sigue como un contenido menor, relegado a tutorías aisladas o al esfuerzo solitario del psicólogo escolar.

La educación emocional no compite con Matemática, Ciencias o Comunicación, las sostiene. Un estudiante que identifica la ansiedad antes que lo paralice, aprende mejor. Uno capaz de pedir ayuda no cae en silencios que se convierten en depresión. Un docente emocionalmente cuidado puede modelar autocontrol, empatía y límites sanos desde su experiencia.

Países desarrollados, como Finlandia o Japón, integran el bienestar socioemocional al currículo, miden su impacto, involucran a las familias y sostienen a los docentes con formación continua. El resultado: menos ansiedad, mejor convivencia, mayor satisfacción estudiantil y menor incidencia de síntomas depresivos, en suma, mayor bienestar.

Hay tareas pendientes. Aunque existe una Unidad de Tutoría, necesitamos una Dirección Nacional de Bienestar que lidere y articule esfuerzos, estrategias, presupuesto y evaluación. Así también, formar a todos los docentes en habilidades socioemocionales e integrar indicadores de bienestar en censos y evaluaciones nacionales. A su vez, es necesario contar con especialistas de bienestar regionales que acompañen a las escuelas.

Finalmente, reconocer un principio básico: quien acompaña también necesita ser acompañado. Un docente sobrecargado difícilmente acompañará emocionalmente a sus estudiantes.

Invertir en educación emocional no es una moda pedagógica. Es un acto de visión de país. La depresión también se previene desde la escuela, enseñando a los estudiantes a conocerse, cuidarse y a pedir ayuda. Si aspiramos a formar ciudadanos resilientes, empáticos y capaces de construir país, debemos asumir que se educa para la vida. Por ello, urge consolidar “Escuelas de Bienestar”.