• MARTES 17
  • de marzo de 2026

Editorial

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Economía: base sólida para el 2026

Si se cumple con facilitar la inversión, promover la productividad y preservar la sostenibilidad fiscal, el bienestar de las familias peruanas dejará de ser una meta estadística para convertirse en una realidad palpable.

No se trata de un fenómeno aislado ni de un golpe de suerte, sino del resultado directo de una demanda interna que recuperó su fuerza, impulsada por familias que vuelven a consumir con confianza y una inversión que ha encontrado nuevamente su rumbo estratégico.

Cumplir 23 meses de expansión ininterrumpida no es un dato menor; es la prueba irrefutable de que el motor productivo nacional posee un temple a prueba de cualquier desafío externo.

Resulta particularmente inspirador observar cómo los sectores no primarios están empujando el carro del desarrollo con una energía contagiosa. La construcción, con un impresionante salto del 9.8% en noviembre, funciona como el verdadero termómetro del optimismo, hablándonos de un país que se sigue edificando sobre cimientos reales.

Al mismo tiempo, el comercio y los servicios mantienen un ritmo vibrante, adaptándose con agilidad a las nuevas exigencias del mercado. Como bien señala la titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Denisse Miralles, este avance se ha gestado en un entorno de estabilidad macroeconómica envidiable, con una inflación bajo control y tasas de interés que, en su proceso de normalización, empiezan a dar un respiro necesario al bolsillo de los ciudadanos.

La visión del MEF es, ante todo, propositiva y audaz. Lejos de conformarse con las cifras actuales, el Gobierno está sentando las bases de una “hoja de ruta” técnica y política, diseñada específicamente para blindar el crecimiento frente a los ruidos electorales que suelen asomar en el horizonte del 2026. La apuesta por un “shock de desburocratización” es, quizás, la medida más valiente de su gestión.

Al limpiar el camino de trámites redundantes y barreras obsoletas, se está abriendo una autopista para que proyectos emblemáticos como Zafranal, Tía María y la optimización de Cerro Verde dejen de ser carpetas en un escritorio y se conviertan en fuentes masivas de empleo formal y modernidad tecnológica.

El horizonte que proyecta el MEF es de una consolidación real y ambiciosa. Con una inversión privada que se perfila como el gran motor para el periodo 2026-2031, el Perú se prepara para capturar el viento a favor de los mercados internacionales y precios de metales competitivos. El éxito no es un destino lejano, sino una construcción diaria que hoy se refleja en la potencia agroexportadora de nuestros arándanos y uvas, y en la proyección logística sin precedentes que ofrece el megapuerto de Chancay.

Estamos ante un punto de partida inmejorable que nos invita a mirar el futuro con la frente en alto. La clave para que este 2026 sea un año de éxito rotundo reside en mantener la cohesión y asegurar que la transición hacia la nueva gestión sea fluida y profesional. Si se cumple con facilitar la inversión, promover la productividad y preservar la sostenibilidad fiscal, el bienestar de las familias peruanas dejará de ser una meta estadística para convertirse en una realidad palpable en cada hogar del país.