• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

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Beca 18: puerta de entrada a un proyecto de vida


Editor
Greisy Perez Muñoz

Docente de Ingeniería Económica y de Negocios en Universidad Científica del Sur


La mayoría de sus beneficiarios procede de comunidades rurales, contextos de pobreza, escuelas con limitaciones severas o familias donde antes no accedieron a estudios universitarios. Para ellos, la beca no es solo financiamiento: es la puerta de entrada a un proyecto de vida y a una transformación comunitaria.

Sin embargo, el presupuesto aprobado para el 2026 ha puesto en riesgo miles de becas del Pronabec, entre ellas las previstas para el programa Beca 18.

De los recursos necesarios para financiar las más de 38,000 becas anunciadas, solo se aprobaron 50 millones de soles, monto que pone en peligro las convocatorias de ingreso y su continuidad. Pero más allá de la cifra presupuestal, lo que está en juego es el costo de dejar en pausa, o sin futuro, a una generación de talentos.

Suspender la continuidad del programa implica frenar la movilidad social. Por ejemplo, en regiones rurales y amazónicas, la ausencia de nuevos profesionales limita el acceso futuro a médicos, docentes, ingenieros o especialistas que suelen regresar a contribuir con sus comunidades.

Además, el impacto emocional es significativo. Los jóvenes que postulan a Beca 18 atraviesan procesos competitivos, rinden exámenes y construyen expectativas sobre su futuro.

Al retirarles la oportunidad, el Estado no solo altera su trayectoria educativa, sino también su estabilidad emocional, generando frustración y pérdida de motivación.

La evidencia académica revela que el éxito universitario no depende únicamente del conocimiento: intervienen decisivamente factores psico-emocionales. Variables como inteligencia emocional, compromiso y rendimiento académico están vinculadas con el desempeño y a la retención estudiantil.

Sin beca y sin soporte, muchos de ellos corren el riesgo de no retomar sus estudios nunca más. Lo que debería ser un puente hacia nuevas oportunidades se convierte en una herida social: familias enteras pierden la esperanza depositada en la educación, comunidades se quedan sin referentes positivos y el país pierde la posibilidad de formar profesionales que luego reinvierten su conocimiento en sus territorios de origen.

El costo social también se refleja en el debilitamiento del tejido comunitario.

Cada becario que avanza se convierte en modelo para niños y adolescentes de su entorno. Cuando el programa se detiene, esa cadena de inspiración y superación se rompe.

Hoy la discusión trasciende lo presupuestal. Lo que está en juego es el futuro social de miles de jóvenes que representan el talento más valioso del país. Suspender o reducir Beca 18 no ahorra recursos: aumenta la desigualdad y profundiza las brechas educativas.

Un país que aspire a una sociedad más justa no puede dejar atrás a quienes más han luchado por salir adelante. La educación no es un gasto: es la base de la cohesión social y del futuro del Perú.