Editorial
El presidente de la República, José Jerí Oré, recalcó que esta política busca consolidar nuestro comercio exterior y aprovechar, de manera responsable, el enorme potencial productivo que existe en cada una de las regiones del país. Esa reflexión es clave. El Perú es una economía abierta, con una posición geográfica privilegiada, acceso a más de 50 mercados gracias a tratados comerciales y una canasta exportadora que, aunque sólida, todavía tiene margen para diversificarse. Sin embargo, la brecha entre potencial y realidad continúa siendo amplia. Las cadenas logísticas requieren modernización, la infraestructura regional es desigual y miles de pequeños productores aún están lejos de insertarse al mercado global.
Por ello, el anuncio de una política al 2040 debe interpretarse como una oportunidad para cerrar esas brechas. Un país que aspira a competir en el mundo necesita reglas claras, institucionalidad sólida y continuidad estratégica en materia de comercio exterior. Las políticas de Estado no son patrimonio de un gobierno, sino compromisos nacionales que deben trascender gestiones y orientarse a objetivos comunes: mayor competitividad, descentralización productiva, diversificación y valor agregado.
El Mandatario resaltó, además, que este tipo de políticas puede contribuir a dotar al país de mayores recursos para financiar, entre otros objetivos, un plan nacional de seguridad ciudadana. El comercio exterior no es un fin en sí mismo: es un medio para generar empleo, ampliar la base tributaria, fortalecer la capacidad del Estado y mejorar los servicios públicos. Todo está vinculado. Una economía dinámica es condición indispensable para enfrentar desafíos como la inseguridad, la informalidad o la desigualdad territorial.
Asimismo, es importante destacar la visión expresada por el Jefe del Estado al afirmar que los gobiernos deben dejar legados para el país. Esa afirmación apunta a un principio esencial: gobernar no es administrar el presente, sino construir futuro. Y una política de comercio exterior al 2040, justamente, es una apuesta por un Perú más articulado al mundo, más competitivo e inclusivo en beneficio de la población.
El reto ahora está en ejecutar, coordinar y garantizar que esta política multisectorial se convierta en un instrumento efectivo de transformación. La nación necesita visión de largo plazo y compromiso institucional. Esta política ofrece un camino. Aprovecharlo es una responsabilidad colectiva.