Editorial
“Los países que han logrado transformar sus economías [...] lo hicieron tomando una decisión estratégica: invertir sistemáticamente en investigación, tecnología e innovación productiva”.
La evidencia es contundente. Las naciones que hace medio siglo compartían niveles de ingreso similares a los nuestros avanzaron porque apostaron por políticas que conectan universidades con industria, financiamiento público con emprendimiento innovador y talento humano con infraestructura científica de largo plazo. Corea del Sur, por ejemplo, pasó de ser un país agrícola y pobre en los años sesenta a una potencia tecnológica gracias a una decisión sostenida de invertir más del 3% de su PBI en investigación y desarrollo.
Para un país como el nuestro, la urgencia de impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación es aún mayor. Nuestra economía sigue altamente dependiente de materias primas con bajo valor agregado. En ese contexto, la diversificación productiva no será posible mientras la innovación no sea prioritaria, mientras nuestras empresas operen con tecnología obsoleta y la investigación científica carezca de financiamiento sostenible. No hay salto al desarrollo sin conocimiento: esa es la constante histórica que no admite excepciones.
Además, el cambio climático –que afecta directamente al Perú por su geografía diversa y su vulnerabilidad hídrica– hace indispensable contar con ciencia aplicada para la gestión del agua, la agricultura adaptada, la salud pública y la protección de ecosistemas. En este contexto, la innovación no es solo motor económico, sino también herramienta de supervivencia.
Impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación implica tomar decisiones claras: fortalecer Concytec con mayor presupuesto, crear nuevos fondos de innovación, integrar la investigación universitaria con las cadenas productivas, facilitar patentes, promover startups tecnológicas y atraer talento internacional. También exige una revolución educativa que forme ciudadanos capaces de producir conocimiento, no solo de memorizarlo.
El Perú tiene talento científico, empresas con potencial innovador y universidades capaces de generar investigación de impacto. No obstante, sin un pacto sostenido –más allá del gobierno de turno– el país seguirá atrapado en el discurso del potencial no aprovechado.
Desarrollarse significa crecer, pero también transformar la estructura productiva mediante conocimiento. Los países que lo entendieron avanzaron. El Perú, si quiere dejar atrás la trampa del ingreso medio y construir un futuro más próspero, inclusivo y sostenible, debe entenderlo también. La ciencia y la innovación no son un camino posible: son el único camino seguro.