• JUEVES 5
  • de marzo de 2026

Editorial

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La sostenibilidad del crecimiento

Si logramos que las reglas del juego permanezcan claras y que la política de Estado sobreviva a la política partidaria, el Perú no solo habrá superado un bache, sino que también habrá reafirmado su resiliencia.

Tras los vaivenes estadísticos y las fluctuaciones del sector extractivo, lo que emerge es una tendencia de fondo sólida, cimentada más en el consumo de las familias que en la mera suerte de los precios de los metales.

El verdadero corazón de este crecimiento late en el PBI no primario. Con un avance cercano al 4%, este indicador desnuda la realidad del mercado doméstico: el peruano está consumiendo.

Este fenómeno no es gratuito; responde a una masa salarial que se ensancha y a un empleo formal que, aunque avanza con paso lento, está inyectando una capacidad de compra genuina en los hogares.

Cuando las empresas notan que los estantes se vacían y los servicios se demandan, la maquinaria de la inversión privada, el verdadero motor del país, se aceita y comienza a girar con fuerza para ampliar su capacidad. Es un círculo virtuoso que se nutre de la confianza.

Sin embargo, navegar en estas aguas requiere de una disciplina cercana a la espartana. El gerente central de Estudios Económicos del BCR, Adrián Armas, lo tiene claro: la inflación está bajo llave, dentro del rango meta (entre 1% y 3%), un lujo que pocos vecinos regionales pueden exhibir. No obstante, el flanco fiscal todavía muestra cicatrices.

El peso muerto de Petroperú sigue drenando recursos, y es imperativo que el Ejecutivo actúe con bisturí para que los desequilibrios de caja de la estatal no terminen por empañar la solidez macroeconómica que tanto sudor ha costado construir por décadas.

Lo más revelador de este cierre del ejercicio 2025 es la psicología del inversor. Por primera vez en la historia reciente, los doce indicadores de expectativas empresariales han dormido y despertado en el terreno del optimismo durante todo el año. Este hito histórico consolida un clima de previsibilidad que favorece la planificación financiera corporativa.

Mantener la confianza por 19 meses consecutivos es una anomalía positiva en un país acostumbrado a los sobresaltos. Es el reflejo de un entorno que, pese a la inminencia de un proceso electoral que suele enfriar los ánimos, prefiere apostar por la estabilidad y el crecimiento potencial sin presiones inflacionarias.

El desafío en este año es no romper el hechizo. La consolidación fiscal no es un capricho técnico, sino la garantía de que el país seguirá siendo un puerto seguro para el capital.

Si logramos que las reglas del juego permanezcan claras y que la política de Estado sobreviva a la política partidaria, el Perú no solo habrá superado un bache, sino que también habrá reafirmado su resiliencia. La mesa está servida; solo falta que la prudencia y la visión de largo plazo no se levanten de ella.