Editorial
“El Perú necesita elecciones que no profundicen la fractura social, sino que permitan canalizar las diferencias dentro de las reglas democráticas.”
La experiencia reciente muestra que la confrontación permanente, los ataques personales y la desinformación generan altos costos institucionales. Lejos de fortalecer la democracia, estas prácticas erosionan la legitimidad de los procesos electorales y profundizan la polarización social. Por ello, es indispensable que las organizaciones políticas asuman con responsabilidad su papel y contribuyan a elevar el nivel del debate, priorizando el interés general por encima de cálculos inmediatos.
Una campaña basada en propuestas exige claridad programática. Seguridad ciudadana, crecimiento económico, empleo, educación, salud y estabilidad institucional son temas que demandan respuestas serias y viables. Los ciudadanos tienen derecho a conocer cómo se financiarán las promesas, qué plazos se proponen y qué capacidades de gestión respaldan a cada candidatura. La política no puede reducirse a consignas, debe ofrecer rutas claras de acción.
La función de las instituciones electorales es igualmente fundamental. Garantizar reglas claras, fiscalización oportuna y condiciones de equidad para todos los participantes fortalece la confianza en el proceso. Pero la limpieza de las elecciones no depende solo de la autoridad electoral: es una tarea compartida que involucra a partidos, medios de comunicación y ciudadanía. Informar con rigor, contrastar datos y rechazar la desinformación son responsabilidades democráticas.
En este escenario, los medios cumplen una función clave. La cobertura electoral debe privilegiar el contenido programático, el análisis y la contextualización, evitando amplificar el ruido o los enfrentamientos estériles. Un electorado informado es un electorado más libre, capaz de tomar decisiones conscientes y responsables.
La ciudadanía, por su parte, también tiene un papel activo. Exigir propuestas, participar en debates y evaluar trayectorias contribuye a mejorar la calidad de la política. La indiferencia o el desencanto solo abren espacio a opciones improvisadas o autoritarias. Defender la democracia implica involucrarse en ella.
El Perú necesita elecciones que no profundicen la fractura social, sino que permitan canalizar las diferencias dentro de las reglas democráticas. Una campaña centrada en propuestas no elimina la confrontación de ideas, pero la encauza de manera constructiva. Es una condición necesaria para recuperar la confianza, fortalecer la gobernabilidad y proyectar un país con rumbo claro.
Las elecciones del 2026 representan una oportunidad para marcar un punto de inflexión. Apostar por el debate de ideas es apostar por la democracia y por el futuro del Perú.