Editorial
“El Perú tiene en la educación la llave de su desarrollo. Este año representa una oportunidad para pasar del diagnóstico a la acción”.
La pandemia dejó heridas profundas en el sistema educativo. Millones de estudiantes vieron interrumpidos sus aprendizajes y aunque el retorno a la presencialidad permitió recuperar espacios de socialización y enseñanza, los rezagos persisten. Comprensión lectora, razonamiento matemático y habilidades socioemocionales muestran avances desiguales, especialmente en zonas rurales y urbano-marginales. El reto no es solo volver a la normalidad, sino también superar una normalidad que ya era insuficiente.
Uno de los desafíos es cerrar las brechas de calidad y acceso. No todos los estudiantes parten del mismo punto ni cuentan con las mismas condiciones. Infraestructura deficiente, falta de conectividad, carencias en servicios básicos y limitaciones en materiales educativos siguen afectando a miles de escuelas. Invertir en educación implica además de asignar recursos, hacerlo con criterio, transparencia y enfoque territorial, priorizando donde más se necesita.
El papel del docente es otro eje central. Revalorizar la carrera magisterial, fortalecer la formación inicial y continua, y brindar acompañamiento pedagógico son tareas clave para mejorar los aprendizajes. Un sistema educativo no puede aspirar a la excelencia si no coloca al maestro en el centro, con condiciones laborales dignas y reconocimiento acorde con su responsabilidad.
A ello se suma el desafío de adaptar la educación a los cambios del siglo XXI. La transformación digital, la inteligencia artificial y la economía del conocimiento exigen nuevas competencias. Pensamiento crítico, creatividad, alfabetización digital y capacidad de adaptación deben incorporarse de manera transversal en la enseñanza, sin descuidar la formación en valores, ciudadanía y convivencia democrática.
La educación superior y la formación técnica también requieren atención. Vincular la oferta educativa con las demandas del mercado laboral, impulsar la investigación y fortalecer la calidad de institutos y universidades es fundamental para mejorar la productividad del país. La educación debe ser un puente hacia el empleo digno y el desarrollo personal, no una promesa incumplida.
Finalmente, ningún esfuerzo será suficiente sin un compromiso del Estado y la sociedad. Padres de familia, autoridades, docentes y estudiantes comparten la responsabilidad de construir un sistema educativo más justo y eficaz.
El Perú tiene en la educación la llave de su desarrollo. Este año representa una oportunidad para pasar del diagnóstico a la acción. Invertir en educación es invertir en el país que queremos ser.