• MARTES 26
  • de mayo de 2026

Derecho

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ENFOQUE CORPORATIVO

Juegos y apuestas: formalización, regulación y obligaciones fiscales

Cristina Fernández

Asociada senior del Estudio Olaechea



Si medimos la temperatura de Latinoamérica, podemos apreciar que se vive un momento de alta presión normativa. Brasil acaba de elevar su impuesto al 15% sobre el beneficio neto (GGR), mientras que Colombia aplica un IVA del 19% que ha golpeado la competitividad de sus operadores. Perú parecía ostentar un modelo equilibrado con una tasa del 12%; sin embargo, la insistencia en el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) introduce una distorsión técnica preocupante a la industria.

El ISC, diseñado originalmente como una medida para desincentivar consumos perniciosos, se aplica hoy sobre el valor de la apuesta. Esta decisión ignora la naturaleza del juego a distancia y castiga la eficiencia del operador formal.

Aquí reside la asincronicidad: por un lado, el Estado exige a los operadores cumplir con inversiones millonarias en garantías y certificaciones para conceder las autorizaciones de explotación, y simultáneamente impone gravámenes que encarecen el producto final y desalienta la competitividad. El efecto resulta altamente disonante.

Si el operador que cumple con la regulación se ve obligado a reducir sus payouts para cubrir el ISC, el usuario migrará naturalmente hacia plataformas no autorizadas (en su mayoría offshores que no cuentan con autorización del Mincetur y a las que la Sunat no supervisa), dándole una ventaja al mercado negro, además de evidenciar que el impuesto no logra su objetivo de desincentivar el consumo, sino desplazarlo hacia el sector informal.

El Perú podría consolidarse como un hub regional de una actividad regulada con cordura fiscal, si el MEF sincroniza su actividad con la estrategia de supervisión del Mincetur, quien conoce la industria. Si la carga tributaria se percibe como sancionadora en lugar de promotora, el mercado legal perderá terreno frente a la informalidad digital con tan solo un clic.

Toca observar y tomar la experiencia de nuestros vecinos, que demuestra que una recaudación ambiciosa a corto plazo puede erosionar la base imponible a largo plazo. El Perú tiene la oportunidad de liderar la región, no por tener los impuestos más altos, sino por ofrecer la mayor predictibilidad jurídica y reglas de juego claras que permitan un desarrollo ordenado de la industria. El éxito de esta reforma no se medirá por cuántos impuestos se crean o impongan, sino por cuántos operadores logran mantenerse dentro de la legalidad de manera sostenible en una industria donde los usuarios puedan jugar seguros.