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Uno de los anuncios más relevantes se produjo a fines de enero, cuando la Zona Arqueológica Caral informó el hallazgo de un nuevo edificio piramidal en el asentamiento de Chupacigarro, en el valle de Supe. La estructura, asociada a la Ciudad Sagrada de Caral (3000-1800 a. C.), presenta tres plataformas superpuestas y grandes piedras verticales –huancas– que delimitan esquinas y escaleras, reforzando la idea de un sofisticado diseño urbano y ceremonial en la civilización más antigua de América.
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En febrero, la ciencia volvió a sorprender con el estudio de más de un centenar de momias de la cultura Chancay (1100-1400 d. C.). Mediante fluorescencia estimulada por láser, los investigadores identificaron tatuajes milenarios con una resolución superior a técnicas modernas, que revelan complejos diseños geométricos y zoomorfos. Entre ellos destaca un personaje de élite con representaciones de deidades como Vichama y la Pachamama, lo que aporta nuevas claves sobre simbolismo, estatus y creencias.
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Mes clave
Abril fue un mes clave. En Virú se documentó el sacrificio de un joven chimú enterrado en posición cúbito ventral en la huaca El Cerrito 2, mientras que en Áspero se descubrió la tumba de una mujer de élite de la civilización Caral, acompañada de un ajuar con plumas de guacamayo y objetos amazónicos que evidencian tempranos intercambios interregionales. En paralelo, en Vilcabamba (Cusco), se localizó un centro minero inca y colonial que podría corresponder a las legendarias minas de plata de los incas.
En mayo, el hallazgo de un altar de fuego circular de siete metros de diámetro en Era de Pando, con una antigüedad de 5,000 años, confirmó la existencia de rituales privados de alta jerarquía religiosa. Meses después, en julio, un mural tridimensional polícromo de entre 3,000 y 4,000 años fue revelado en la huaca Yolanda, en Virú, con escenas de peces y redes de pesca que resaltan la relación entre arte, economía y entorno marino.
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La segunda mitad del año sumó palacios moche en Chicama, residencias de élite virú, la tumba del Señor de Jesús María en Laredo y monumentales estructuras en Huaral y Ayacucho. El cierre llegó con la confirmación de nuevas estructuras astronómicas en Chankillo y la resolución del enigma de los 5,200 hoyos de Monte Sierpe, en Ica, identificados como un sistema de almacenamiento y contabilidad decimal vinculado con los quipus.
Estos hallazgos no solo amplían el conocimiento científico, sino que también reafirman a nuestro país como uno de los grandes focos civilizatorios del planeta, aún lleno de historias por descubrir.