• JUEVES 2
  • de abril de 2026

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Una tradición moderna que se integró a la celebración peruana

Árboles de Navidad embellecen Lima

En distintos puntos de la ciudad ofrecen brillo, color y alegría a los visitantes.

Aunque hoy resulta casi inseparable de la decoración en diciembre, el árbol de Navidad no es una tradición ancestral en el Perú. Su incorporación a las celebraciones navideñas es relativamente reciente y responde a procesos de intercambio cultural, urbanización y modernización ocurridos entre fines del siglo XIX y el siglo XX.

Durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, la Navidad en el Perú estuvo marcada casi exclusivamente por el nacimiento o pesebre, las misas de gallo, las procesiones y las expresiones religiosas populares. El énfasis estaba puesto en la representación del nacimiento de Jesús, una práctica profundamente arraigada tanto en los hogares como en iglesias y espacios públicos. El árbol, tal como hoy se conoce, no formaba parte de estas celebraciones.

Símbolo festivo

La llegada del árbol navideño al Perú se remonta a finales del siglo XIX, especialmente en Lima. Su introducción estuvo vinculada con la presencia de comunidades europeas, en particular alemanas, británicas y francesas, así como con familias peruanas de élite con vínculos comerciales y culturales con Europa. En esos círculos, el árbol comenzó a instalarse como un símbolo festivo importado, asociado a nuevas formas de celebrar la Navidad.

En las primeras décadas del siglo XX, el árbol se mantuvo como una costumbre limitada a sectores urbanos acomodados, colegios privados, clubes sociales y representaciones diplomáticas.

Comercio y publicidad

No obstante, su difusión se aceleró a partir de la segunda mitad del siglo XX, impulsada por el crecimiento del comercio, la publicidad, el cine, las revistas ilustradas y, posteriormente, la televisión. La venta de adornos importados y de árboles artificiales facilitó su llegada a un público más amplio.

A diferencia de otros países, en el Perú el árbol no reemplazó al nacimiento, sino que se integró a la celebración navideña. En muchos hogares conviven ambos elementos: el pesebre conserva su centralidad religiosa y cultural, mientras que el árbol cumple una función decorativa y simbólica ligada a la fiesta familiar.

Hoy, el árbol de Navidad es una tradición plenamente incorporada, reinterpretada con adornos artesanales, motivos locales y estilos propios, reflejo de una celebración que, sin perder sus raíces religiosas, ha sabido adaptarse a los cambios culturales del país.