En confianza
“He aceptado hacer una obra de teatro musical y eso me motiva, pero también tengo en borrador el proyecto de hacer una ópera rock.”
–¿Qué hacías antes de estar en La Sarita?
–Siendo muy joven decidí estudiar música para entenderla, pero nunca me imaginé que me iba a dedicar profesionalmente ella. El lado artístico lo asumí como un hobby muy interesante y apasionante, pero no pensé que esa experiencia iba a durar 18 años.
–Cuando La Sarita se formó, todos menos tú eran exmiembros de Los Mojarras, ¿cómo te vinculaste con ellos?
–Quedé impresionado por la estética innovadora y por el significado político y social de la música de Los Mojarras. Iba siempre a sus conciertos. Aglutinaron a una cantidad impresionante de artistas que los seguíamos a todos lados. Me hice su amigo, tanto así que los llevaba tocar a mi universidad. Cuando se enteraron de que sabía música, me convocaron.
–¿Qué estudiabas?
–Quería seguir la ruta familiar y estudié zootecnia. Al sétimo ciclo la dejé. Ahora me arrepiento porque solo faltaba año y medio, y porque la agricultura y el campo son también mis grandes pasiones. Me imagino pasar mis últimos días en el campo, disfrutando de ese placer mágico de producir alimentos de la tierra.
–Recuerdo que cantabas en un grupo que ganó un concurso de la Municipalidad de Miraflores. ¿Cuándo fue eso?
–En 1994. Eran amigos del colegio. Fue algo para pasarlo bien. Y la pasamos tan bien que quedamos segundos en ese concurso (ríe). Pero quedó allí y cada uno siguió estudiando. De allí tuve otra banda, que fue la primera en la que me metí en la fusión, Negros y Diablos. Me llamaron amigos aficionados a la música afroperuana que querían fusionar esta con rock y electrónica. Pero también por estudios y trabajo se hizo difícil seguir.
–¿Cómo quedará La Sarita ahora que has sacado un disco solista?
–Si dejé la universidad por la música, en esta tengo que ser un profesional a carta cabal. Mi objetivo es ese. Entonces, en este momento le doy prioridad a La Sarita y tengo este proyecto como complemento. Si puedo mostrar una vez al mes mi proyecto solista, estaré satisfecho, pero quiero ver cuál de los dos proyectos me llevará a ser más profesional.
–¿Cuándo fue que elegiste profesionalizar tu música?
–Creo que fue cuando con La Sarita sacamos el disco Mamacha Simona, en 2009. Allí fuimos conscientes de que si queríamos hacer una empresa cultural, teníamos que fortalecer y capacitarnos en el tema de la gestión. No podíamos vivir reclamando apoyo. Entonces fue fundamental capacitarnos en gestión cultural. Tuve que llevar un diplomado para poder tener esta visión. Eso marcó un antes y un después.
–¿Es por eso que en La Sarita también eres el mánager?
–Lo soy porque no hay mánagers en el Perú que puedan manejar a un grupo como el nuestro, que es muy conceptual y que tiene un fin cultural. Hemos encontrado mánagers muy bien intencionados, pero que no han logrado interesarse en lo que queremos transmitir. Por ello, muy a mi pesar, nos tenemos que manejar solos.
–¿Cuándo harás presentaciones por tu cuenta?
–Ser solista es complicado. Demanda toda una inversión. No es como una banda, que si debe promocionarse gratis lo hace, porque todos se ‘mojan’. Aquí cada movimiento cuesta. Si debo hacer algo promocional, mis músicos me van a cobrar igual, entre o no entre plata. Entonces la primera etapa es de un posicionamiento, que implica decirle a la gente qué es esto. De alguna manera, quiero asegurarme que haya gente que va a consumir mi música.
–¿Qué enseñanza estás sacando de tu faceta de docente?
–Es una experiencia muy enriquecedora porque también he aprendido mucho de los chicos. Estar en contacto con ellos me lleva a estar al día en lo que escuchan, qué les interesa, cuáles son sus inquietudes y qué buscan con la música y el arte en general. Me siento como un alumno más.