• VIERNES 8
  • de mayo de 2026

Opinión

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Economía Social de Mercado: valores compartidos


Editor
Rossana Montero Santos

Directora de la Carrera de International Business–USIL


Este modelo, inspirado en la experiencia alemana de posguerra, combina competencia y solidaridad, eficiencia y equidad. Su premisa central es clara: el mercado debe servir a las personas, no al revés. De esa manera, el progreso económico se convierte en un medio para mejorar la calidad de vida, no en un fin en sí mismo.

La ESM se sostiene en cuatro principios fundamentales: libertad, responsabilidad, solidaridad y subsidiariedad. En torno a ellos, los tres actores de la economía cumplen funciones complementarias. El Estado garantiza las reglas del juego, promueve la competencia leal y provee servicios públicos de calidad; el sector empresarial genera empleo, innovación y crecimiento, pero con responsabilidad social, sostenibilidad y compromiso ético; y la sociedad civil actúa como vigilante, promotora de participación y coautora del cambio, desde el consumidor hasta la comunidad organizada.

Solo cuando estos tres actores trabajan con coherencia y valores compartidos, la Economía Social de Mercado se convierte en una práctica viva que genera prosperidad con equidad.
En este contexto, desde la Universidad San Ignacio de Loyola promovemos el premio Cátedra Konrad Adenauer USIL, una iniciativa que busca ser un espacio de reflexión y pensamiento para promover el conocimiento de la Economía Social de Mercado desde una perspectiva ética y humanitaria.

Como académicos, nuestro rol es el de educar, informar y formar líderes responsables. En esa línea, este premio se convierte en un vehículo para mostrar la práctica de la Economía Social de Mercado, visibilizando casos exitosos de instituciones públicas, empresas y organizaciones de la sociedad civil que encarnan sus principios en acciones concretas.

Lo que buscamos con este premio es reconocer y visibilizar experiencias que contribuyan al desarrollo sostenible y a la construcción de una economía más justa e inclusiva.

Cada proyecto que se presenta demuestra que el desarrollo ético y sostenible es posible cuando Estado, empresa y ciudadanía asumen un rol activo y corresponsable. Dar a conocer estos ejemplos es, a su vez, un acto educativo: invita a más actores a reflexionar, comprometerse y transformar su entorno.

Porque la Economía Social de Mercado no se impone: se construye cada día, desde la práctica, con ética, cooperación y visión de país.