• LUNES 13
  • de abril de 2026

Opinión

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La lucha de los huancaneños

Los jóvenes deben mantener la memoria de quienes son ahora el ejemplo de libertad y dignidad.


Editor
Fernando Chuquipiunta Machaca

Docente


Es una obligación moral, cívica y cultural de los peruanos conocer la lucha y sacrificio de los protomártires andinos en la lucha por la independencia del Perú. Los jóvenes, especialmente, tienen el deber moral de mantener la memoria de quienes son ahora el ejemplo de libertad y dignidad.

El 30 de diciembre de 1738, en las cercanías de Azángaro se produjo una batalla decisiva. Como resultado de varias horas de lucha sangrienta, las acciones favorecieron al Ejército español. Cayó preso el cacique Andrés Ignacio Ccama Condori, junto con sus principales colaboradores y lugartenientes, luego fueron conducidos al Cusco para su sentencia y ejecución a manos de los españoles. Por eso, como un homenaje póstumo al cacique Andrés Ignacio Ccama Condori, se edificó su monumento en la plaza de Armas de Huatasani (Huancané).

Nicolás Sanka era natural de Taraco (Huancané). Se trató de un gran revolucionario quechua que se caracterizó por su fiereza y energía. Fue un prócer tupacamarista que participó en la rebelión desde sus inicios, coordinando acciones con Andrés García Ingaricona y Juan Cahuapaza. El 31 de marzo de 1781, Nicolás Sanka fue apresado por el delito de traición y después entregado al capitán realista Ramón Arias, quien lo mandó ejecutar los primeros días de abril de ese año en Lampa.

De 1781 a 1782, el líder aimara de la comunidad campesina de Jorata (Huancané), Inti Condorena, acompañó a Pedro Vilcapaza Alarcón durante la rebelión que había iniciado José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II contra los abusos cometidos por autoridades españolas. Inti Condorena ordenó la ejecución de cinco sacerdotes que eran conocidos en la zona por hacer exacciones y cometer adulterio. De allí el sobrenombre de “matacuras” a los huancaneños. Inti Condorena murió el 8 de abril de 1782 ahorcado en la plaza de Armas de Azángaro como ocurrió también con Pedro Vilcapaza. Como un homenaje póstumo al cacique Inti Condorena, una calle en el barrio Alto Miraflores de Huancané lleva su nombre.

El cacique huancaneño Lorenzo Huanca no permaneció indiferente ante los abusos de los españoles y, teniendo en cuenta la valentía de los mestizos y aimaras, organizó un grueso ejército de la provincia de Huancané y marchó hacia Azángaro con el fin de unirse a Pedro Vilcapaza Alarcón y participar junto con hombres y mujeres aimaras para combatir en Azángaro y Asillo, al lado de valerosos líderes como Silverio Quispe y Mariano Chancatuma.

En el distrito de San Antonio de Poto, hoy Ananea, el ejército rebelde tupacamarista se sostuvo en medio de las inclemencias de la naturaleza; sin embargo, el coronel Francisco Laura Gonzales y el teniente Félix Tagle se encargaron de apresar al cojateño Pedro Casilla para decapitarlo en el acto por ser un líder de los peruanos expoliados. Como un homenaje póstumo a este líder cojateño, en la cuarta estrofa del Himno a Huancané se menciona su nombre.

En la época de la República, no resuelto aún el problema del colonialismo, los huancaneños participaron en las tropas patrióticas de Agustín Gamarra contra la Confederación Peruano-Boliviana, de igual forma en la batalla de La Palma (Lima), junto a Ramón Castilla, en enero de 1855, ganando el título de Glorioso Batallón Huancané.

Juan Bustamante Dueñas ofrendó su vida en la rebelión de Huancané (1866-1868). Fue fundador de la Sociedad Amigos de los indios. Participó en el combate del 2 de Mayo de 1866 y en los movimientos de masas campesinas en contra de los explotadores terratenientes, después de muchos combates, fue ejecutado en la plaza de Armas de Pusi (Huancané), el 3 de enero de 1868. Como un homenaje póstumo al coronel Juan Bustamante Dueñas, una calle en el barrio Alto Miraflores de Huancané lleva su nombre.

En 1915 se produce una rebelión de gran trascendencia, la del mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas, quien con el seudónimo de Rumimaqui lideró el ataque contra los hacendados de esta parte del Altiplano. Los pobladores de Huancané nuevamente hicieron sentir su fuerza indomable y aguerrida, haciendo gala del apodo huancaneño rebelde.