• VIERNES 12
  • de junio de 2026

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Más S/ 862 mllns. de inversión en protección de cauce

El río que ya no Matagente

Proyecto a cargo de la Anin protegerá a más de 45,000 habitantes de Ica y Huancavelica.

El nombre que lo dice todo y que nadie se atreve a olvidar, ¿por qué se llama así? Matagente es el río cuyo caudal no perdonaba en temporada de precipitaciones? intensas, un río que bajaba desde la cordillera de los Andes arrasando con chacras, casas, ganado y sueños. “Antes, cuando llovía fuerte allá arriba, sabíamos que en algún momento iba a bajar el agua y hacer daño. Era como esperar una desgracia anunciada”, recuerda José Orihuela, agricultor de Pucllosanto Bajo.

Durante el fenómeno El Niño del 2017, el río desbordó su cauce natural. Manuel aún tiene fresca en su memoria esa imagen y recuerda como en medio de la impotencia, y hasta la inocencia, él y su hermano hacían defensas artesanales con sacos de tierra y ramas. Una endeble barrera que fue burlada por la destructiva corriente.

Por generaciones, el río Matagente ha sido una amenaza latente. En cuestión de horas, el agua invadía terrenos de cultivo y rompía canales, confinando comunidades. “Yo sembraba algodón y la cosecha se fue completa con el agua. Tardé dos años en volver a producir”, cuenta María Ormeño, también de Pucllosanto. Como ella, cientos de familias quedaron endeudadas o desplazadas.

Hoy, esa historia empieza a cambiar. Gracias a la intervención integral de la Autoridad Nacional de Infraestructura, el Matagente ha sido controlado. Ya no se impone con furia, sino que fluye con orden casi natural. Se han ejecutado cuatro grandes proyectos de protección y encauzamiento que abarcan desde la desembocadura del río en Chincha hasta las alturas de Castrovirreyna, en Huancavelica, donde nace la quebrada que le da origen.

Su primera etapa comprende más de 62 kilómetros de diques enrocados, protegiendo los distritos de Alto Larán, El Carmen, Tambo de Mora y Chincha Baja, a pobladores y decenas de comunidades campesinas que ahora miran el futura con optimismo. En otra de las etapas, en las zonas altoandinas de Huancavelica, se han instalado barreras dinámicas, pozas disipadoras, alcantarillas, sifones y canales para contener los deslizamientos y los aumentos de caudal. En total, los cuatro proyectos benefician directamente a más de 45,000 habitantes.

Pero el impacto de esta intervención va más allá de las cifras. En los campos agrícolas, ahora es posible sembrar con tranquilidad. “Antes, dormía con sobresalto. Hoy duermo tranquila. El agua ya no se va a meter por la chacra. Estamos protegidos”, dice con alivio María. En las comunidades, como Tantará, la percepción también ha cambiado. El director del colegio Francisco Bolognesi, Carlos Vidal, asegura que “los alumnos ya saben qué es la obra, cómo se cuida y para qué sirve. Antes sufríamos con cada lluvia. Ahora el pueblo se ve más bonito, más seguro”.

El agua ahora da

El desarrollo también llegó por medio del empleo generado. Solo en la etapa constructiva del primer proyecto en Chincha se generaron más cerca de 3,000 puestos de trabajo, muchos de ellos para hombres y mujeres de las localidades ubicadas en la zona de influencia directa de la obra. Además, tiendas, bodegas, restaurantes y hospedajes incrementaron su clientela y, con ello, sus ingresos. En comunidades antes olvidadas, como Nuevo Amanecer o Buena Vista, las obras trajeron trabajo, movimiento comercial y autoestima colectiva.

Para Lita Huamán, comerciante y madre de dos niños en edad escolar, la llegada de la Autoridad Nacional de Infraestructura fue una señal de que el Estado al fin se acordaba de ellos y había hecho esas más de tres horas en trocha para llegar en su ayuda. “La última vez, el agua llegó hasta la plaza. Perdí mercadería, fue muy duro. Pero ahora, con estas mallas, ya no bajan piedras cuando llueve. Los chicos pueden cruzar el río seguros para ir al colegio”, cuenta con una sonrisa.

Este renacer no solo es hidráulico o técnico, sino también profundamente humano. Es el resultado de una gestión pública decidida a cerrar brechas históricas con proyectos que no solo se construyen con roca, concreto y alta ingeniería, sino también con empatía, planificación y presencia real del Estado en los territorios más vulnerables. Desde la costa hasta la sierra, el agua ya no amenaza; ahora riega cultivos, conecta pueblos, devuelve paz, pero, sobre todo, siembra futuro.

La intervención de la Anin en el río Matagente es prueba de que cuando las autoridades escuchan, articulan y actúan con visión, los resultados no tardan en llegar: se recupera la confianza, se protege la vida, se activa la economía y se dignifica a comunidades enteras que durante años se sintieron postergadas. Porque no hay mejor política pública que aquella que transforma el miedo en tranquilidad, y el abandono en progreso compartido.

El cauce de un río que antes destruía, hoy protege. Los proyectos que ejecuta la Autoridad Nacional de Infraestructura, en nombre del Gobierno del Perú, convierten la tragedia en oportunidad.

Solución integral sostenible

El Proyecto Matagente ha sido complementado con tres proyectos adicionales: La protección frente huaicos e inundaciones en las quebradas El Carmen, Seca y Puerta Blanca, del distrito de El Carmen; más de 1.3 km de construcción de diques, canales, alcantarillas, pozas disipadoras, entre otras obras. 

Asimismo, la protección contra deslizamientos y derrumbes en las localidades de Huachos, Huajintay y Huamatambo en Castrovirreyna, mediante barreras dinámicas, cunetas, badenes y caminos peatonales. Finalmente, la protección frente a huaicos en zonas críticas de las localidades Tantará y Nuevo Amanecer, del distrito de Tantará; Buena Vista, del distrito de Capillas, y Yauritambo, del distrito de Alto Larán.

Dato

26 Centro Poblados beneficiados como usuarios de agua para riego y agua subterránea.