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Periodista
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Conversamos con Gianpiero al final de una agotadora jornada en el exclusivo restaurante, ubicado en el skyline del hotel Atlantis, calificado con 7 diamantes. Las nueve horas de diferencia que hay en esta charla no revelan en él cansancio alguno cuando hablar de gastronomía se trata.
Nuestro compatriota, actual subchef de especialidad en Nobu, alista con su ojo avizor las más exquisitas propuestas para que sean degustadas por jeques, famosos y estrellas del deporte; entre otros invitados VIP, quienes constituyen la asidua clientela.
Atrás quedó el niño travieso que transitó por casi diez colegios en Lima cuando no entendía que la cocina sería su vocación en la vida.
Sin embargo, los sabores de la abuela ya se inoculaban en él a cada bocado. “Ella cocinaba los domingos y era una fiesta”, recuerda.
Ya adolescente vio a figuras como Gastón y Virgilio. “Tenía muchas ganas de comerme el mundo. Me gustaba cocinar, comer… pero sentía que no era bueno y me dije a mí mismo: ‘Si no lo soy, jamás seré exitoso’”.
Y así comenzó el camino académico en Le Cordon Bleu, con un mundo que a cada paso se abriría delicadamente por capas para indicarle la ruta. “Me asaltó el alma de artista y creador que tengo, y a mitad de carrera quise inclinarme por la arquitectura, pero mi mamá fue firme y dijo: ‘No. Acabamos y si quieres trabajando haces la segunda carrera’”, revela.
Confiesa, sin embargo, que muchas veces quiso parar, “pero luego veía que eso eran desafíos que la vida me ponía y que eran los impulsos que necesitaba… y con entrega comenzó a irme muy bien”.
Así iniciaría su peregrinaje culinario por los mejores restaurantes de Lima. “Quería nutrirme de los grandes y eso se hacía comenzando desde abajo, con humildad”.
Alza vuelo
Luego su mirada viró al exterior y así, con esperanzas, se mudó a Madrid, dejando atrás la confianza que ya había ganado en Lima. En el 2014 lo recibiría el DiverXo Madrid, restaurante de tres estrellas Michelin.
Tiempo después sería parte de su aprendizaje Astrid&Gastón, Mayta y Maido, entre otros. Ya en el 2015, más afianzado, viajaría a Dubái para ser parte de la propuesta de Mayta en Emiratos Árabes Unidos. “Llegué a los 20 años y fue el momento más difícil que viví. Pensé que me iba a comer Dubái, pero fue al revés. Me caí y me levanté. Dejé sangre, sudor y lágrimas”.
“Uno comete errores, hay mucho estrés en esta carrera… pero aún así decidí irme a París a seguir nutriéndome porque ese era mi objetivo. Llegué, toque puertas y al comienzo no ganaba más de 50 euros a la semana, pero no importó”, comenta. Gianpiero nos señala que su meta en la gastronomía no era viajar. “Anhelaba abrir mi restaurante en el Perú. Quería comerme el mundo muy rápido. Volví al Perú y me incorporé a Cala; luego vendría la pandemia”.
Emprendí con Sara, en marzo del 2021, un negocio de comida criolla. “Repartíamos a domicilio y fue una etapa linda”.
Propuesta
Así volvió a emigrar y con la red profesional que ya había establecido en más de una década se incorporó con subchef al Sushi Samba, tras la oferta laboral de un antiguo jefe… y en ese tránsito fue que llegó a Nobu, donde trabaja también como subchef junto con 130 personas; es el único peruano.
Hoy sueña con tener sus propios restaurantes con una propuesta diferente e insta a los jóvenes que se inician en esta apasionante aventura a que “escuchen a los que saben, sean disciplinados. Toquen puertas y sepan que no todo va a ser color de rosa. Habrá caídas y de eso se trata esa vida”.
Mientras tanto sigue cocinando sus sueños y con un agradecimiento a sus padres “porque me dieron libertad y sin su apoyo emocional nada sería hoy posible”, concluye.
Cocinando éxitos
Gianpiero tiene en su sazón diversas partes de nuestro Perú. Sus abuelos fueron de Ayacucho, Huancavelica, Chincha y Lima, y eso ha hecho en él un escudo de sabores. También probó los sabores del mar cuando en su niñez vivió en el Callao, donde –confiesa– vivió entre las ollas familiares. “Tuve una niñez maravillosa, llena de recuerdos. Hoy me da gusto haber demostrado que se puede vivir de la pasión. Le he abierto el camino a mis primos, que hoy siguen mis pasos en la gastronomía”.
Y es que los padres de Gianpiero, como el mismo reconoce, “son de una nueva generación” de progenitores que les permitió a sus hijos “abrir sus alas”.
Una de sus proyecciones es asumir el papel de chef en el Nobu y seguir escalando profesionalmente en el mundo de la culinaria internacional.