• DOMINGO 29
  • de marzo de 2026

Opinión

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Conectividad, educación y el futuro de los niños del Perú


Editor
Christian Chee

Vicepresidente de Desarrollo de Negocios y Comercial en Gilat Perú


La teleeducación ya no es una opción del futuro, sino una necesidad urgente del presente, especialmente en un país donde la desigualdad territorial limita gravemente las posibilidades de un aprendizaje equitativo y de calidad.

A pesar de los esfuerzos por ampliar la infraestructura de conectividad en el territorio, el verdadero reto está en activar ese ecosistema digital: que la conectividad no se quede en la torre o el cable, sino que llegue de manera efectiva a las escuelas, que los docentes estén capacitados para aprovecharla, que los contenidos educativos respondan al contexto local y que exista una articulación real entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil.

Desde nuestra experiencia lo vemos todos los días: cuando una red de alta capacidad se instala en una comunidad, se enciende una red de posibilidades. No solo se conecta a los estudiantes, sino también se integran los centros de salud, los gobiernos locales, los emprendedores y las familias.

Es ahí donde la tecnología cumple su promesa: transformar vidas.

Desde el sector privado proponemos un enfoque integral. Conectar es solo el primer paso.

Lo que realmente cierra la brecha es educar, empoderar, acompañar y asegurar el uso real de esa conectividad.

El Perú necesita una agenda de conectividad con propósito: una que combine infraestructura moderna, alianzas público-privadas eficientes y programas que garanticen resultados medibles en educación, salud y productividad. La conectividad sin propósito es solo un cable más enterrado. Pero con propósito, con visión y con voluntad, se convierte en una herramienta concreta de inclusión y desarrollo.

En ese contexto, no basta con instalar infraestructura; es fundamental activarla con programas funcionales. La tecnología puede transformar realidades, pero solo si se acompaña de voluntad política, articulación público-privada y un enfoque territorial. Hoy más que nunca debemos preguntarnos: ¿de qué sirve tener internet si no lo usamos para educar, curar y proteger? Apostar por la conectividad real implica inversión, innovación y compromiso. Si lo hacemos, no solo cerraremos brechas digitales, sino también abriremos nuevas posibilidades de desarrollo para millones de peruanos.