El mimo peruano Jorge Acuña Paredes partió a la eternidad pero nos dejó en la memoria su arte expresado en las calles cual escenario, dando inicio al teatro callejero en el país.
Ernesto Carlín Gereda
Editor de Cultura
ecarlin@editoraperu.com.pe
Según contó al Diario Oficial El Peruano hace unos años, él incursionó en el mimo por una suma de contratiempos y casualidades.
Camino a la fama
En 1968 fue despedido del teatro de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Se encontraba apremiado y decidió hacer teatro callejero para ganarse la vida.
Acuña ya conocía lo que era la adversidad. A los 14 años dejó su natal Loreto para emigrar a Lima a trabajar cuando falleció su madre.
Su debut en el asfalto fue adaptando El corazón delator, de Edgar Allan Poe. Hizo un círculo en la vereda y empezó a actuar.
Allí nació, para muchas personas del mundo de las tablas, el teatro callejero en el Perú.
Siguió yendo al Centro Histórico de Lima para hacer sus funciones. De acuerdo con lo que relató a este periódico, pronto descubrió dos cosas.
La primera, que la Policía lo podía –y de hecho lo hacía– detener por sus funciones callejeras. La otra era que el ruido de los vehículos, ambulantes y demás viandantes impedía que se escucharan sus parlamentos.
Así llega al mimo, ideal para actuar en medio de tantos sonidos distractores.
Como anécdota de esa primera época, comentó que esos mismos agentes policiales que lo detenían, en sus días de franco iban con sus familias a ver sus actuaciones.
Poco a poco fue ganando reconocimiento, mientras armaba su espectáculo entre la plaza San Martín y, eventualmente, el parque Universitario.
En la década de 1990 decidió mudarse a Suecia con su familia. En ese país fue que lo sorprendió la muerte esta semana.
Apuesta social
Pero antes dejó en la memoria de quienes tuvieron la suerte de verlo una muestra de arte comprometido con lo social. Como él nos señaló hace alrededor de una década, “el público puede ser un simple mirón”.
Para muestra de su compromiso está esa famosa foto, cuando él era todavía un novato en las calles, en la que sostiene un cartel en el que está escrita una frase sobre el arte. Ese texto pertenece al intelectual José Carlos Mariátegui.
Su propuesta era que los asistentes reflexionaran sobre la coyuntura y la situación de la población en medio de risas sanas.
Por ejemplo, los personajes que escogía contagiaban ternura, pero también provocaban el pensar sobre diversas situaciones.
En ese sentido, uno de esos roles que interpretaba con solo cambiar algunos gestos era el del obrero que tenía que cargar en sus espaldas el peso del mundo.
Adaptándose al tiempo
Más de una vez comentó que el público estaba dejando de ir al teatro, entonces él llevaba el teatro a la gente. Se rompía, decía, cualquier separación entre el artista y su público.
“Ya no existía el intermediario”, señalaba.
Decía que se formaban actores, directores o escenógrafos, pero que no se formaba al público. Él intentaba suplir esa necesidad acercando las artes escénicas a la gente de a pie.
Reflexionando sobre su manera de hacer arte, explicó que su época callejera fue en tiempos complicados. Comenzó en plena dictadura militar de Juan Velasco Alvarado y luego tuvo que lidiar con la época del terrorismo de Sendero Luminoso y MRTA y la inseguridad económica.
Debido a la violencia y la situación incierta, decidió emigrar con su familia –su esposa y cuatro hijos– a Suecia.
No obstante, no rompió su lazo con el Perú. Vino seguido para dictar talleres y brindar ocasionalmente su espectáculo.
Estas idas y venidas consolidaron su imagen como referencia para las nuevas generaciones de artistas. Además, era un ejemplo vivo de cómo sobrevivir a las adversidades sin claudicar en la vocación y en los ideales.
Aunque el reconocimiento le abrió las puertas de los teatros, mantuvo su vínculo con la calle que lo había visto nacer como mimo. Sus visitas al país iban acompañadas de funciones en el pavimento del centro de Lima y recorridos por la bohemia del lugar.
Como anécdota, vale recordar que cuando fue declarado personalidad meritoria de la cultura por el Estado peruano dio un espectáculo en el Gran Teatro Nacional. Pero después brindó otro, como de despedida, en el transitado jirón de la Unión.
En pantalla grande
La peculiar historia de Jorge Acuña Paredes también llamó la atención del cine.
En el 2020 se estrenó en el Festival de Cine de Lima Círculo de tiza, nombre inspirado en la famosa forma en que creaba su escenario el mimo peruano.
Esta película es un documental dirigido por Diana Daf Collazos y Jean Carlos Alcócer.
En este filme se registra la manera en que el artista se preparaba para actuar y cuales eran sus motivaciones.
También muestra el detrás de cámara de la vida de Acuña, como su lado familiar y su rutina diaria.
La película es Acuña narrando su periplo desde Iquitos hasta Suecia, siendo narrador oral, mimo y actor polifacético.
Datos
Fue distinguido como Personalidad Meritoria de la Cultura en el Día del Teatro, en el 2015, gracias a su trayectoria.
Era natural de Iquitos, pero pasó su adolescencia en Lima.
Ingresó a la Escuela Nacional Escénica (antecedente de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático) a los 25 años.
El 22 de noviembre de 1968 fue el día de su debut en la calle.
Formó parte en la década de 1950 del grupo Histrión junto con artistas como Carlos Gassols y Lucía Irurita.
En su temporada en Ayacucho recorrió las comunidades campesinas para enseñar artes escénicas.