• SÁBADO 11
  • de abril de 2026

Editorial

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Operación Chavín de Huántar

Los defensores de la paz y veladores de la seguridad del país merecen un gran homenaje porque demostraron que los peruanos no nos rendimos ante la amenaza de cualquier tipo de terrorismo.

En esa oportunidad, el 17 de diciembre de 1996, un grupo de 14 terroristas del ya derrotado grupo autodenominado Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomaron como rehenes a 700 personas en la residencia del embajador de Japón y pidieron la liberación de 400 de sus compañeros. Luego de semanas de negociaciones, 72 se quedaron cautivos.

A las 15:23 del 22 de abril, 195 comandos demostraron su coraje al ejecutar en forma sorpresiva la operación de rescate. Se debe recordar que dos valientes oficiales, el coronel EP Juan Valer Sandoval y el teniente EP Raúl Jiménez Chávez, no dudaron en ofrecer su vida por los prisioneros, mientras que el vocal Carlos Giusti Acuña murió de un ataque al corazón. A ellos, la patria les debe eterna gratitud.

La meticulosa planificación y ejecución de esta acción militar es importante hoy por varias razones. La primera de ellas se refiere a la demostración de la capacidad del Estado peruano para asumir operaciones militares complejas. Desde su concepción, las tres Fuerzas Armadas con apoyo de las fuerzas policiales demostraron un excelente nivel de coordinación y respaldo para asegurar el éxito final. El desempeño de las Fuerzas Armadas fue un motivo de orgullo para los peruanos.

Un segundo motivo, como lo destacó la presidenta Dina Boluarte, es la demostración de unidad de todo un país. Las Fuerzas Armadas trabajaron en forma conjunta y la población se alegró por la suerte de los rehenes. Por eso, la Mandataria indica que la operación Chavín de Huántar es “un símbolo de estrategia, valor y sentimiento patriótico por encima de todo” y una demostración de que “cuando el Perú se une, no hay fuerza que nos retenga”.

Cuando el país es azotado por una ola de ataques del crimen organizado, añadió que “hoy se enfrenta el terrorismo urbano con la misma firmeza, valentía y coraje” que demostraron en aquella oportunidad los comandos. Por eso es necesario mantener ese espíritu de los comandos ante las amenazas que hoy afronta el país.

La liberación de los cautivos, en tercer lugar, también impactó en la moral de una nación que sufría por años el miedo y el terror de la acción de grupos terroristas. La estrepitosa derrota política y militar fue la tumba del MRTA y dio al pueblo esperanzas de que se acercaban años de estabilidad y seguridad.

Los defensores de la paz y veladores de la seguridad del país merecen un gran homenaje porque demostraron que los peruanos no nos rendimos ante la amenaza de cualquier tipo de terrorismo, que buscaba atentar contra el Estado de derecho y los valores de la democracia.