• MIÉRCOLES 1
  • de abril de 2026

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Influencias negativas

Causa un gran daño al desarrollo emocional en la persona.

“Los adolescentes están expuestos a una presión social muy potente porque buscan un sentido de pertenencia y validación. Muchos de ellos aún están desarrollando su capacidad crítica y están expuestos a malas influencias que podrían favorecer a consecuencias negativas, como la adopción de actitudes negativas, conductas de riesgo, e incluso el consumo de sustancias psicoactivas”, expresa Giovana Hernández, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae.

Entre las situaciones más comunes que pueden influenciar en comportamientos desadaptativos para los adolescentes se encuentran: amigos o compañeros de clase que promueven conductas de riesgo o antisociales, ambientes familiares disfuncionales, falta de orientación o supervisión, y medios de comunicación o redes sociales que glorifican ideales poco saludables.

Todos ellos pueden llevar a un joven a tomar decisiones que no favorecen su bienestar físico, emocional, social o académico. “Las malas influencias y la poca capacidad para manejarlas pueden causar un gran daño al desarrollo emocional del adolescente, contribuyendo a la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y la inseguridad. La presión constante para ajustarse a un grupo, la exposición a comportamientos destructivos y el aislamiento pueden generar sentimientos de confusión y desesperanza, afectando la capacidad del joven para desarrollar una identidad sólida y emocionalmente saludable”, señala la especialista.

Los padres pueden identificar una influencia negativa en sus hijos mediante algunas señales de alerta, como cambios en el círculo de amigos, especialmente si los nuevos compañeros tienen un comportamiento problemático; aislamiento social o distanciamiento de la familia; cambios repentinos en el comportamiento, como irritabilidad, agresividad o tristeza; bajo rendimiento académico; pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba; y participación en conductas riesgosas.

Para Hernández, es necesario tomar acción frente a las señales de alerta, fortaleciendo factores protectores como la autoestima, la comunicación asertiva, los valores, entre otras; de esta manera pueden tener recursos para afrontar estas situaciones porque pueden moldear patrones de comportamiento que perduren a largo plazo, como la adopción de hábitos destructivos, la dificultad para tomar decisiones saludables o la tendencia a recurrir a mecanismos de afrontamiento inadecuados, como el abuso de sustancias.

Si estos patrones no se abordan adecuadamente, pueden contribuir a problemas emocionales y sociales en la adultez. “Es clave fortalecer la autoestima porque juega un papel crucial en la capacidad de un adolescente para resistir las malas influencias”, apunta.

La especialista de la universidad precisa que los padres deben ayudar a sus hijos y prepararlos para que en caso aparezca una mala influencia o un entorno complicado, sepan responder de manera adecuada. Algunas recomendaciones son:

Fomentar una comunicación abierta y honesta. Los adolescentes deben sentirse cómodos hablando con sus padres sobre sus problemas y preocupaciones.

Establecer límites claros y consistentes. Las normas claras ayudan a los adolescentes a comprender lo que se espera de ellos y las consecuencias de sus acciones.

Fortalecer la autoestima. Ayudar a los adolescentes a desarrollar una imagen positiva de sí mismos, reforzando sus habilidades y logros.

Crear una relación de confianza. Esto permitirá que los padres intervengan en situaciones críticas sin que el adolescente se sienta atacado o incomprendido.

Dato

Los adolescentes con autoestima saludable suelen tomar decisiones basadas en sus valores.