• VIERNES 3
  • de abril de 2026

Central

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Tradición en Chochoconda

Sueños y cultura en telares ancestrales

Doña Paulina Alfaro heredó los conocimientos de su madre.

Una vez que los hilos están desenredados, los extiende en el rastrillo y los amarra hacia una vara para que pasen a una enrolladora. “Lo siguiente es dar inicio al tejido mediante el peine, que se hace de una cáscara llamada suro. Y así voy armando una serie de cadenas, con mucha paciencia y amor”, describió la octogenaria, mientras que continuó armando una manta para el bebé de una vecina que está próximo a nacer.

En el taller que tiene dentro de su inmueble, en el lote 5 A de la avenida Bicentenario, recibe pedidos de sus amistades y turistas que llegan a su localidad tras enterarse de la forma como realiza sus tejidos, porque también fomenta la transmisión de su tradición, motivando que los visitantes profundicen en su cultura.

“Desde pequeña aprendí el arte del tejido, un legado que mi madre me enseñó con bastante cariño. Mientras mis hermanos mayores ayudaban a mi padre Alejandro en el campo, yo me quedaba con mi mamita”, contó llena de nostalgia.

Talento innato

Fue así que Paulina observó cómo las manos de su progenitora convertían la lana de sus ovejas en finos y resistentes hilos. “Todo empieza con la lana”, era la frase que su madre le repetía en cada clase, bajo la técnica callua y maychaque. “Sus palabras las tengo muy claras, a pesar de que ya pasé los 80 añitos”, ironizó la adulta mayor.

Paulina demostró un gran talento en sus primeras clases. Ella tenía tan solo 12 años y en poco tiempo ya manejaba la forma como desenredar la lana para convertirla en hilos. Con el pasar de los meses, comprendió la forma de teñir los hilos y la manera de entrelazarlos para crear diseños llamativos y muy coloridos.

A sus 81 años es usuaria del programa Pensión 65 y participa activamente de los Encuentros de Saberes Productivos, que se realizan con la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión para impulsar los emprendimientos de los adultos mayores. En ese sentido, recordó que el gobierno local convocó a las ciudadanas con esta habilidad para que refuercen su técnica.

“Mi emprendimiento me mantiene ocupada. Gano un dinerito extra y me siento feliz de que las enseñanzas de mi mamá sigan vivas y se transmitan en las bolsas, telares, mantas y frazadas, entre otras cosas que hago con mucho amor, entrelazando hilos llenos de sueños y cultura”, concluyó la octogenaria.

Recuerdo imborrable

Una de las motivaciones de Paulina para continuar con su arte es la memoria de su esposo, Teófilo Benites de la Cruz (de 82 años), quien partió a la eternidad en el 2024. “Hemos criado 11 hijos. Hemos pasado momentos hermosos, también algunas complicaciones, pero el amor se mantuvo vivo. Él falleció el año pasado, pero no siento que me haya dejado, porque está conmigo cuando tejo; a él le gustaba mucho lo que hacía”, recordó la usuaria de Pensión 65 con profunda emoción.