• VIERNES 10
  • de abril de 2026

Opinión

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Cómo somos los peruanos

¿Será posible atribuir una cualidad positiva a una comunidad entera?


Editor
Mgtr. Alberto Requena Arriola

Profesor de la carrera de Historia y Gestión Cultural. Universidad de Piura


Las virtudes y los vicios de una sociedad suelen ir de la mano. Algunas naciones cuentan con una larga tradición histórica de virtudes (al menos en el gran consenso internacional). Así, por ejemplo, se dice que los japoneses son honestos; los suizos, puntuales; y los italianos, alegres. Hubo un tiempo en el cual se asociaba el carácter de una sociedad según el tipo de habitante que poseía o el clima que le afectaba. Con los años, dichas ideas se malinterpretaron y devinieron en explicaciones racistas y segregacionistas. A fin de cuentas, hablar de cómo es una sociedad (no solo un individuo) es harto complejo. De hecho, ¿existe la posibilidad de definir cómo somos los peruanos? Si lo intentamos desde las virtudes, ¿será posible atribuir una cualidad positiva a una comunidad entera? Yo puedo decir que mi hijo es inteligente, responsable y creativo, pero, ¿podré decir lo mismo de más de treinta millones de personas?

Desde las ciencias sociales –en los siglos XIX y XX– se popularizó la palabra griega ‘ethos’ para hablar de las costumbres y la moral de una comunidad. El ethos era el espíritu del pueblo, aquello que identificaba a los individuos como un todo. En el Perú, estas ideas tuvieron varios exponentes: educadores, historiadores, abogados y filósofos. Uno de ellos fue el célebre Manuel González Prada, quien en su famoso libro Pájinas libres (1894) criticó duramente el ser de los peruanos. Teniendo en su memoria la Guerra del Pacífico, don Manuel intentaba explicar las causas de la derrota. Para él, un componente clave fue la naturaleza de sus habitantes: “Trescientos años há que el indio rastrea en las capas inferiores de la civilización, siendo un híbrido con los vicios del bárbaro i sin las virtudes del europeo: enseñadle siquiera a leer i escribir, i veréis si en un cuarto de siglo se levanta o no a la dignidad de hombre […] Indios de punas i serranías, mestizos de la costa, todos fuimos ignorantes i siervos; i no vencimos ni podíamos vencer”.

Tales ideas fueron compartidas en libros, artículos, tesis universitarias y otros escritos de la época. Sin embargo, también hubo aspectos positivos que resaltar. El recordado educador español Sebastián Lorente señaló en su obra Historia de la civilización peruana (1879) que los peruanos eran […] “de mirada dulce e inteligente, de aire afable y no privado de elegancia […] la viveza del ingenio se deja ver desde la infancia en los costeños; los hijos de la sierra sobresalen más por el buen juicio; la inteligencia clara es común a unos y otros. En todas las fases de la civilización peruana han aparecido hombres eminentes por su ilustración relativamente a la época, por su amor al progreso, por su adhesión entusiasta a todo lo grande, bueno y verdadero, por su constancia en el trabajo civilizador, y no pocos por sus felices disposiciones para las artes; los distintivos más honrosos del carácter nacional son la dulzura […] y la bondad”.

Hoy, en pleno siglo XXI, intentar definir las cualidades de los peruanos no ha pasado desapercibido. En el 2014, el Instituto Integración encargó una encuesta para analizar las respuestas sobre la gran inquietud: ¿cómo somos los peruanos? Por un lado, el peruano es percibido como chismoso, egoísta, hipócrita, resentido, violento, envidioso e incumplido. Pero también hay cualidades. Entre ellas destacan que el peruano es trabajador, modesto, respetuoso y honrado. Sí, efectivamente, los peruanos nos (auto)definimos más por los vicios que por las virtudes. Recordemos que las percepciones se basan en la realidad, mas no son toda la realidad. Muchas veces pueden estar condicionadas por el contexto en el que vivimos. Averigüémoslo. Si yo le preguntara a usted, amable lector, ¿cómo somos los peruanos?, ¿qué respondería? No, no comience por los defectos.