• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Editorial

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Gasto público más eficiente

La meta no puede ser solo aumentar el porcentaje de ejecución presupuestal, sino también garantizar que cada sol invertido tenga un impacto real y medible en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía.

Uno de los problemas recurrentes en la administración estatal peruana es la baja capacidad de ejecución presupuestal en los gobiernos subnacionales. Año tras año, se observa cómo una parte significativa de los fondos asignados para obras y proyectos de inversión termina revirtiéndose al erario nacional debido a problemas de gestión, trabas burocráticas o deficiencias técnicas. Esta ineficiencia no solo representa una oportunidad desperdiciada para mejorar la calidad de vida de la población, sino que también erosiona la confianza ciudadana en sus autoridades y en la democracia misma.

El impacto de una mala ejecución del gasto público es profundo y tangible. En regiones con altos índices de pobreza y carencias en servicios básicos significa que los hospitales siguen sin equipamiento adecuado, las escuelas permanecen en condiciones precarias y las carreteras esenciales para la conectividad y el comercio quedan inconclusas. En un país con brechas significativas en infraestructura y servicios básicos, el problema no es la falta de recursos, sino la incapacidad de utilizarlos de manera eficiente.

Ante esta situación, la estrategia del Ejecutivo de brindar asistencia técnica a los gobiernos regionales y locales es una iniciativa necesaria. La capacitación y el acompañamiento técnico pueden contribuir a mejorar la gestión pública, optimizar la planificación de proyectos y agilizar los procesos administrativos, que muchas veces traban la ejecución del gasto. Sin embargo, este esfuerzo debe ser constante, supervisado y acompañado por medidas adicionales que incentiven la eficiencia y sancionen la inacción o el uso indebido de los recursos.

El Gobierno, como lo ha señalado la presidenta Dina Boluarte, ha mostrado disposición para colaborar con las autoridades subnacionales a fin de fortalecer su capacidad de gasto. Reuniones, foros y capacitaciones son pasos en la dirección correcta, pero deben traducirse en resultados concretos. La meta no puede ser solo aumentar el porcentaje de ejecución presupuestal, sino también garantizar que cada sol invertido tenga un impacto real y medible en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía.

El reto es claro: transformar los recursos en obras y servicios que respondan a las necesidades urgentes de la población. Solo con un gasto público eficiente, transparente y bien dirigido será posible cerrar las brechas sociales y fortalecer la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.