• VIERNES 5
  • de junio de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

El futuro inclusivo de la educación superior


Editor
Martín Santana

Rector de la Universidad Privada del Norte (UPN)


De acuerdo con la última información pública de la Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju), en zonas rurales, solo el 8.1% de los jóvenes accede a educación superior universitaria, en contraste con el 24.7% en áreas urbanas. Asimismo, la población joven no pobre presenta mayores porcentajes de acceso a la educación superior, mientras que la población joven en situación de pobreza y pobreza extrema presenta porcentajes de acceso de 3.6% y 4.4%, respectivamente.

En este contexto, la educación a distancia surge como una herramienta clave para expandir la cobertura y brindar acceso a la educación superior. Sin embargo, su efectividad está directamente relacionada con la superación de la brecha digital.

Según el último informe técnico del INEI sobre Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares, solo el 48.5% de la población en áreas rurales accede a internet, frente al 88.5% en Lima Metropolitana. Además, apenas el 18.1% de los hogares rurales cuenta con conexión a internet, lo que contrasta drásticamente con el 77.5% de Lima Metropolitana. Estas cifras también reflejan una falta de habilidades digitales, como un obstáculo importante para que los estudiantes puedan aprovechar programas a distancia.

Cerrar las brechas en el acceso a la educación superior requiere un enfoque integral. El Gobierno tiene un papel clave en ampliar la cobertura de internet en zonas rurales y promover políticas inclusivas. Sin embargo, superar la brecha digital también exige soluciones que no dependan exclusivamente de una infraestructura tecnológica, como herramientas híbridas, materiales educativos alternativos y capacitación de docentes en competencias digitales.

La educación a distancia cobra un rol prioritario y transformador, con gran potencial para democratizar el acceso a la educación superior. No obstante, para que este modelo alcance su máximo impacto, debe complementarse con estrategias que garanticen el acceso a la tecnología y competencias necesarias, especialmente en zonas con baja conectividad.

Innovar en modelos educativos implica diseñar programas de calidad que respondan a las demandas del mercado y a la realidad de los estudiantes. Solo así podremos garantizar una formación accesible, inclusiva y sostenible para todos, sin importar el lugar de origen o circunstancias.