• SÁBADO 13
  • de junio de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

La fama: de la mitología a la era digital

En relatos antiguos, Fama era vista como un peligro para la convivencia. En La Eneida, es presentada como la generadora de rumores sobre el amor entre Eneas y Dido, causando celos y conflictos trágicos. Hoy, en la era de las redes sociales, los rumores y noticias falsas viajan más rápido que nunca, con consecuencias destructivas. Un estudio del MIT reveló que las noticias falsas tienen un 70% más de probabilidades de ser compartidas que las verdaderas. Esto no solo se debe a la malicia de ciertos usuarios, sino también a que las plataformas digitales recompensan la velocidad y el impacto emocional, relegando la verificación de hechos. El impacto de esta dinámica se observa en campañas de desinformación que erosionan la confianza en las instituciones y rumores que destruyen reputaciones.

La fama se ha convertido en un bien que se obtiene mediante la visibilidad pública, sin importar la calidad moral de las acciones que la generan, contrario al éxito, que el filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson definió como ganarse el respeto de personas inteligentes y el cariño de los niños, ganar el aprecio de los críticos sinceros, encontrar lo mejor de los demás, dejar el mundo un poco mejor, entre otras consideraciones.

En contraste, la fama, según la escritora española Margarita Riviere, ya no se asocia solo con la excelencia; cualquier individuo –recalca– puede alcanzar el reconocimiento social, ya sea por logros admirables o actos reprobables.

Este fenómeno evidencia que en nuestra sociedad mediática lo que realmente importa es la capacidad de captar la atención del público, dando lugar a una “aristocracia del éxito”, que distingue a aquellos que logran destacar, sin que esto necesariamente refleje un valor positivo en su reputación.

Los mitos nos enseñan que los rumores y las palabras tienen un impacto duradero. En esta era digital, nuestro reto es aprender a usarlas con la rapidez con la que se propagan, pero con más sabiduría y cuidado. Solo así podremos construir una convivencia más fuerte y resiliente frente a los ecos de esta diosa antigua que ahora recorre el mundo con alas digitales.