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Don Isaac aprendió a bailar desde niño, observando a su padre y vecinos. “Siempre fui tranquilo, pero cuando me vestía de kusillo todo era alegría. Podía bailar y hacer reír a la gente. Eso lo que más me gusta”. Su habilidad lo ha convertido en un diestro danzante de la comunidad campesina de Chucasuyo Caje, en Juli.
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Cada año, en setiembre, Juli se llena de color y alegría con la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (Orqu Phista), declarada Patrimonio Cultural de la Nación. Durante estos días, don Isaac y sus amigos, Adolfo Arhuata Jiménez, Víctor Nina Quispe y Gerardo Collatupa Condori, todos usuarios de Pensión 65, se colocan sus coloridos trajes de kusillo: pantalón corto de color blanco, zapatillas y medias blancas, saco, máscara, chicote y un pequeño muñeco kusillo, con el que bailan, cantan y juegan junto con la gente, llevando alegría a cada rincón.
En Juli existe la creencia de que cuanto más kusillos bailan, mejores serán las cosechas de oca, olluco y tarwi. Esta tradición está profundamente arraigada en las comunidades y representa una conexión espiritual con la tierra.
Desde niño, don Isaac trabajó cuidando animales y labrando la chacra. Solo tuvo un hermano. Su abuelita, que se llamaba Finita, lo crió hasta los 13 años. Entonces decidió enlistarse en el Ejército. Solo estudió hasta el tercer año de primaria y por ello no pudo ser profesor, como soñaba.
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Al regresar del servicio militar se casó y tuvo siete hijos, a los cuales crió trabajando la chacra, cuidando sus animales y bailando. Vislumbraba una vejez pacífica, hasta hace cinco años cuando uno de sus hijos sufrió un accidente que ahora le impide caminar. Entonces él y su esposa volvieron a trabajar para ayudar a la familia de su hijo. “Me deprimí y lloraba mucho, pero al bailar como kusillo olvido las penas”, comenta.
Don Isaac cree que debe mantener vivas las tradiciones de su pueblo. “Me gustaría que nuestros nietos aprendan de nuestras costumbres, danzas, cantos y música. Eso es lo que les vamos a heredar”, reflexiona.
Sentimiento aimara
La danza del kusillo (palabra que en aimara significa mono) es interpretada en las regiones andinas del Perú y Bolivia. Aunque el personaje es individual, suele presentarse en grupo con diversos bailes autóctonos andinos que se exhiben en todas las festividades religiosas acompañando a otras danzas.
El kusillo suele hacer travesuras, relampagueando su látigo baila con saltos rápidos, con gracia y picardía; corre, salta y grita con sentimiento aimara, transitando entre lo divino y lo cotidiano.